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sábado, 28 de diciembre de 2024

POSIBLES PREGUNTAS SOBRE LA GENERACIÓN DEL 98 EN LA PAU

 

  • ¿Cuál fue el contexto histórico y social que marcó a la Generación del 98?

    • Respuesta: La Generación del 98 surgió en un contexto de profunda crisis en España, marcada por la pérdida de las últimas colonias en América (1898), la crisis económica y el estancamiento político. Los autores de esta generación sintieron una profunda desilusión y buscaron las causas de esta situación en la historia y la sociedad española.
  • ¿Cuáles son las principales características de la obra de los escritores del 98?

    • Respuesta: La obra de los escritores del 98 se caracteriza por:
      • Intimismo: Exploración profunda de los sentimientos y emociones del individuo.
      • Pesimismo: Visión negativa y crítica de la realidad española.
      • Nacionalismo: Interés por la tierra y las raíces españolas, buscando una identidad nacional.
      • Estilo sobrio y realista: Lenguaje sencillo y directo, descripción detallada del paisaje y la realidad social.
      • Búsqueda de la esencia de España: Interés por lo rural, lo tradicional y lo auténtico.
  • ¿Cuáles son los principales temas que abordan los escritores del 98?

    • Respuesta: Los principales temas son:
      • La crisis de identidad nacional: Búsqueda de los orígenes y la esencia de España.
      • El paisaje: Descripción detallada del paisaje español como reflejo del alma nacional.
      • La historia de España: Análisis crítico del pasado español para entender el presente.
      • La condición humana: Reflexiones sobre la vida, la muerte y el sentido de la existencia.
  • ¿Cuáles son los principales autores de la Generación del 98?

    • Respuesta: Los principales autores son:
      • Miguel de Unamuno
      • Antonio Machado
      • Azorín (José Martínez Ruiz)
      • Ramiro de Maeztu
      • Pío Baroja

Preguntas sobre obras concretas:

  • Analiza la figura del viajero en la obra de Azorín.

    • Respuesta: El viajero en Azorín es un buscador de la esencia de España, que a través de sus viajes descubre la belleza y la autenticidad de los pueblos y paisajes españoles.
  • Comenta la importancia de la naturaleza en la poesía de Antonio Machado.

    • Respuesta: La naturaleza en Machado es un reflejo del alma humana, un lugar de refugio y de encuentro con lo esencial.
  • Explica la relación entre el individuo y la sociedad en la obra de Unamuno.

    • Respuesta: Unamuno plantea un conflicto entre el individuo y la sociedad, entre la razón y la fe, buscando una respuesta a las grandes preguntas existenciales.

sábado, 16 de diciembre de 2023

LA ATARAXIA EN EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

 

LA ATARAXIA

La ataraxia es un estado de contemplación del mundo , la inacción contra un mundo egoísta e irremediable, que viene de filosofías pesimistas como la de Schopenhauer , que al creer que el mundo , la sociedad  y la humanidad misma están condenadas a la codicia, el egoísmo, el engaño y la injusticia de manera arraigada e imposible de eliminar y al creer estar determinados a este sufrimiento se decide no actuar , solo contemplar puesto que es imposible contra la irremediable injusticia y crueldad del mundo.

Esta posición filosófica que  toman personajes del libro como Iturrioz o Andrés, al comprender lo marchito de la sociedad y simplemente dejar pasar para no sufrir.  No obstante, esta actitud provocará en   Andrés desidia y  no conseguirá la felicidad, no encuentra sentido a la vida por lo optará por el suicidio.

domingo, 24 de septiembre de 2023

Comentario de texto de cohesión de un fragmento de La Regenta.

 

COMENTARIO COHESIÓN

LA REGENTA

LEOPOLDO ALAS CLARÍN

Todo Vetusta se aburría aquella tarde, o tal se imaginaba Ana por lo menos; parecía que el mundo se iba a acabar aquel día, no por agua ni fuego sino por hastío, por la gran culpa de la estupidez humana, cuando Mesía apareciendo a caballo en la plaza, vistoso, alegre, venía a interrumpir tanta tristeza fría y cenicienta con una nota de color vivo, de gracia y fuerza. Era una especie de resurrección del ánimo, de la imaginación y del sentimiento la aparición de aquella arrogante figura de caballo y caballero en una pieza, inquietos, ruidosos, llenando la plaza de repente. Era un rayo de sol en una cerrazón de la niebla, era la viva reivindicación de sus derechos, una protesta alegre y estrepitosa contra la apatía convencional, contra el silencio de muerte de las calles y contra el ruido necio de los campanarios...

Ello era, que sin saber por qué, Ana, nerviosa, vio aparecer a don Álvaro como un náufrago puede ver el buque salvador que viene a sacarle de un peñón aislado en el océano. Ideas y sentimientos que ella tenía aprisionados como peligrosos enemigos rompieron las ligaduras; y fue un motín general del alma, que hubiera asustado al Magistral de haberlo visto, lo que la Regenta sintió con deleite dentro de sí.

Don Álvaro no recordaba siquiera que la Iglesia celebraba aquel día la fiesta de Todos los Santos; había salido a paseo porque le gustaba el campo de Vetusta en Otoño y porque sentía opresiones, ansiedades que se le quitaban a caballo, corriendo mucho, bañándose en el aire que le iba cortando el aliento en la carrera...

«¡Perfectamente! Mesía con aquella despreocupación, pensando en su placer, en la naturaleza, en el aire libre, era la realidad racional, la vida que se complace en sí misma; los otros, los que tocaban las campanas y conmemoraban maquinalmente a los muertos que tenían olvidados, eran las bestias de reata, la eterna Vetusta que había aplastado su existencia entera (la de Anita) con el peso de preocupaciones absurdas; la Vetusta que la había hecho infeliz... ¡Oh, pero estaba aún a tiempo! Se sublevaba, se sublevaba; que lo supieran sus tías difuntas; que lo supiera su marido; que lo supiera la hipócrita aristocracia del pueblo, los Vegallana, los Corujedos... toda la clase... se sublevaba...». Así era el cuarto de hora de Anita, y no como se lo figuraba don Álvaro, que mientras hablaba sin propasarse, estaba pensando en dónde podría dejar un momento el caballo. No había modo; sin violencia, que podía echarlo todo a perder, no se podía buscar pretexto para subir a casa de la Regenta en aquel momento.

COMENTARIO DE TEXTO DE COHESIÓN

Desde el enfoque de la Lingüística del Texto y el Análisis del Discurso se parte de la caracterización del texto como unidad mayor. Si para la comprensión del texto se necesita la coherencia, que atenderá al contenido semántico más el pragmático, se hace necesario un término que englobe todas las marcas léxicas y gramaticales que puedan sobrepasar el ámbito de la oración, para lo que se ha venido hablando de cohesión. Estas marcas reconocibles en los textos serán tanto de conectividad ( los llamados conectores o marcadores), como de correferencia ( casos de anáfora o repetición de palabras), o de progresión temática (por ejemplo términos del mismo campo semántico no correferenciales).

En cuanto a la intención del autor la obra va dirigida a un lector burgués afín a sus ideas. Pretende convencer al lector de que Ana no estaba pecando en este momento. La intencionalidad es mostrar al lector que hay un camino que se puede seguir entre don Álvaro y Ana.

Se produce la aceptabilidad del lector , este acepta el hecho el texto como coherente, ya que conoce la soledad de Ana.

Se produce la informatividad, ya que es la primera vez que están a solas. La coherencia global se cumple, describe la llegada del caballero, todo va en torno al mismo tema , así como la  coherencia episódica ya que se marca un contraste entre los momentos lúgubres antes de la llegada de don Álvaro y los momentos en los que se muestra animada tras su llegada.

El texto es coherente porque todos los enunciados tratan sobre un mismo tema. Está cohesionado porque todos los elementos están relacionados entre sí, hay marcas léxicas y gramaticales .

 

Procedimientos léxico-semánticos:

Para el mismo referente:

El autor utiliza la reiteración léxica (Repetición de una palabra) en términos como “caballo” (línea 4, 7 y 34) ; “sentimiento”, “aire”, “vida”, “sublevaba” y “supiera”. El término “sublevaba” se repite dos veces seguidas y luego una vez más para indicar el pensamiento recurrente de Ana. A su vez ,el último término “supiera” se repite en tres ocasiones, pues Ana quiere enfrentarse al qué dirán , en primer lugar quiere que lo sepan sus tías, las cuales la criticaban porque su madre no era una mujer ejemplar y a ella por quedarse a dormir en una barca con un niño en su infancia. Según sus tías, Ana no era decente por haberse dado este incidente. A ella no le importaba que lo supiera su marido, con el cual se casó por sobrevivir y el que la engañaba con la criada y ,por último, tampoco le importaba la “hipócrita aristocracia”. Así pues , Ana se revela ante los difuntos ( sus tías) precisamente el día de los Santos, luego ante  su marido y ,por tanto, la institución sagrada del matrimonio y finalmente ante la clase social más alta del pueblo.

El escritor utiliza distintos términos para referirse al mismo referente , la protagonista: Ana, Anita, ella, la Regenta. La sociedad tal vez pretenda infantilizar a la protagonista llamándola con el diminutivo. Esta visión paternalista la aleja de tomar decisiones propias . Por otra parte, se le llama Regenta por ser la mujer del Regente, algo propio de esta época llamar con el femenino del cargo público a la esposa . Su esposo había sido regente en la audiencia, es decir, el jefe de los tribunales de Oviedo.

Para referirse al futuro amante de la protagonista se utilizan diferentes términos: Don Álvaro, Mesía, un rayo de sol, un buque salvador, aquella arrogante figura. Todos se refieren al mismo personaje, Álvaro Mesía. Él era la reivindicación de sus derechos, por culpa de la estupidez humana Ana vivía aburrida pero él la resucitaba.

Por otro lado, su nombre don Álvaro, recuerda al galán romántico de Don Álvaro o la fuerza del sino. Aunque el personaje se parece más al protagonista de Don Juan Tenorio . Zorrilla pretendió burlarse de este tipo de conquistadores, aunque la sociedad no viese esa burla y asimismo Clarín también lo trata como un personaje caduco y ridículo. Curiosamente, en otra parte de la obra, Ana y Mesía asisten a la representación de esta obra. Ella le recita unos versos de la obra y cree que él “la entendía” finge que los escucha entusiasmado, mientras cree que es una obra que “solo servía para hacer parodia” y ahí Clarín llama a Mesía “el tenorio vetustense” se hizo “el sentimental, disimulado” para conquistarla. Por lo que, si ella saberlo, Mesía era un ser hipócrita, vicio que ella detestaba, como vemos en el texto.

Hallamos el campo asociativo de la colectividad humana: Todo Vetusta, el mundo, la eterna Vetusta. El pueblo actúa como un personaje opresor . El nombre elegido está inspirado en el adjetivo latino VETUS, VETULUS, que significa viejo. En nuestro texto se le llama pueblo, mientras que al principio de la obra se le dice “la ciudad dormía la siesta”. Es una recreación de Oviedo, ciudad de la madre del autor.

Aparte encontramos el campo asociativo del tiempo: día, tarde, momento, cuarto de hora, de repente. Para Ana, el tiempo pasaba lentamente. Él interrumpía la tristeza. Es curioso que utilice en término “interrumpir” como si lo esperable fuese esa desidia.

Por otro lado, surge el campo asociativo de la climatología: Otoño, aire, sol, niebla. El autor utiliza el término “Otoño” en mayúscula . Es la época en la que árboles caducifolios permanecen “desnudos” y se asocia al ocaso de la vida. Tras él aparece el invierno que podría representar la muerte. En Vetusta no hay novedades, ella vive como si siempre fuese otoño.

Aparece el campo asociativo de la sociedad conservadora: Los otros, las bestias de reata, la hipócrita aristocracia. Hay una crítica a la sociedad conservadora, la cual como los animales cuadrúpedos reatados es sumisa. No debemos olvidar que estamos ante una novela de tesis y Clarín pretende hacer una crítica a la sociedad estancada y clerical. Así se permite el sarcasmo cuando Mesía no recordaba “siquiera “ que era el día de los difuntos y la detracción en “ruido necio de los campanarios”. Elegir el día de los difuntos era un provocación ya que autores como Clarín y Galdós eran anticlericales pero no ateos.

-El texto indica negatividad mediante el campo asociativo de la muerte: silencio de muerte, difuntas, los Santos, los muertos. El hecho de que esta situación se dé el día de los difuntos es una provocación. Los escritores liberales eran anticlericales aunque no ateos.”

Podemos ver el campo asociativo del interior de Ana: “Ideas”, “sentimientos”, “el alma”, “dentro de sí”, “preocupaciones absurdas”. El interior de los personajes es muy importante, desean liberarse y mostrarlo. Ana tenía los sentimientos “aprisionados”. Por ello, el autor utiliza numerosos verbos de pensamiento: Supiera, pensando, imaginaba, recordaba.

Ella sentía que no podía mostrarse cómo era, para ello , Clarín utiliza el campo asociativo de la opresión : aprisionados, opresiones, ansiedades, ligaduras, nerviosa. En el interior de Ana podía sentir el nerviosismo por la posible infidelidad hacia su marido, aunque en este texto está lejos de producirse ya que es la primera vez que están a solas, sin embargo, a su vez, cree que esas son “preocupaciones absurdas”  y se siente infeliz “por culpa de la  estupidez humana” .

 A veces a Ana le daban unos sofocos que no tenían explicación en esa época, ella lo calificaba de “nervios”.  Ella desea liberarse , por ello, en su mente aparecen términos del campo asociativo de la protesta: Reivindicación, protesta, buque, aprisionados, motín, sublevaba.

Estaba aburrida, para expresar esto el texto presenta sinónimos como “hastío” o “apatía”. Pues para ella, cada día era igual al anterior, su  vida repetía lo dicho en el libro bíblico El Eclesiastés : no hay nada nuevo bajo el sol.  Frente a esta monotonía, Mesía, “era un rayo de sol” , mediante esta metáfora pura conocemos la satisfacción de la protagonista ante su presencia. Clarín utiliza la comparación para describirla “Era un náufrago”. Él la rescata, la resucita quizá por eso se llama Mesía. El Mesías era capaz de resucitar a los muertos, por ejemplo a Lázaro.

Dado que el texto gira en torno a la necesidad de juntarse los amantes el escritor utiliza los sinónimos “placer” y “deleite”.  Esta necesidad es propia del determinismo biológico, rasgo del naturalismo francés de Zola, y, por ende, en el español. Según esta idea el comportamiento humano está determinado por los genes. El determinismo aparece tanto en Ana como en Mesía y el Magistral. A ella le aporta novedad y deseo a Mesía, placer y al Magistral sentirse hombre.

 

Mesía, a pesar de ser un señor de cierta edad, representa el jolgorio, por ello figura el campo asociativo del campo asociativo del bullicio :Estrepitosa, ruidosos, inquietos y de la alegría: Alegre, gracia, color vivo.

 

Para distinto referente:

Vetusta era una ciudad “cenicienta” pero cuando aparecía don Álvaro para Ana se convertía en “color vivo” .  Con estos antónimos contextuales, al igual que  “sol” y “niebla” vemos cómo él la rescataba de la abulia.

En el texto se oponen Magistral y Mesía.  Son antagonistas y antónimos en nuestro texto. El Magistral era su confesor, ella cree que se escandalizaría si viese “su alma”. Ni siquiera Mesía conocía su interior, así aparece: “Así era el cuarto de hora de Anita, y no como se lo figuraba don Álvaro”. Ambos, sus pretendientes, la creen incapaz de tener pensamientos impuros.

Clarín nos ofrece dos antónimos: “racional” y “estupidez”. Para Mesía , lo racional era el disfrute mientras que la vida tradicional suponía la estupidez. Él llevaba una vida “pensando en su placer”, sentía “despreocupación” frente a las “preocupaciones” de ella. Mediante estos antónimos comprobamos que él tenía libertad y tranquilidad mientras ella vivía preocupada.

 

Ana se quiere sublevar ante la “aristocracia hipócrita”. Por ello, en el fragmento figura el hiperónimo: “Aristocracia”; y los hipónimos: “Vegallana”, “Corujedos”. Ana no soporta la hipocresía de la aristocracia, sin embargo, Mesía participa de esa actitud pues siendo él el jefe del partido liberal, lo era también , secretamente, del partido conservador, ya que el marqués de Vegallana lo había elegido como su favorito. Así que, debido al turnismo de los partidos, Mesía ganaba siempre. Trataba a ambos bandos bien porque eran “panes prestados”. De nuevo, se comprueba el cinismo de Mesía. Por su parte ,la marquesa de Vegallana no coincidía con su marido , creía que era “un grandísimo majadero” ,se confesaba liberal y consideraba hipócrita a “todos los que no traslucieran sus aficiones eróticas, las tuvieran o no”. Por lo que resulta curioso que Anita llamase hipócritas a los mismos que la llamaban a ella así.

 

Procedimientos gramaticales:

El texto nos presenta la entrada de don Álvaro a caballo y más tarde se sustituye por el pronombre anafórico “Ello”.

Más tarde, en la línea catorce aparece el pronombre anafórico “ella” para referirse a Ana.

Encontramos la deixis temporal: “En aquel momento”. Don Álvaro se planteaba cuál era el momento ideal para su “ataque” . Ya en el palco del teatro, mientras Anita estaba sentada a su lado, se planteó acercarse, pues según él ese día ella estaba “a punto de caramelo” pero no se atrevió. Al igual que en esta escena, en la cual el autor advierte que hablaba “sin proparsarse”.

El autor utiliza la elipsis del sujeto en la línea 8, “era un rayo de sol”. Repetición del verbo “era” en cuatro ocasiones y de la preposición “contra”.

En lugar del sujeto se anteposiciona el atributo “motín general del alma” en la oración para hacer hincapié en la revolución sentida por ella .

Pronombre enclítico : lo. “Podía echarlo todo a perder”. Don Álvaro actúa como un depredador silencioso que acecha a su víctima.

“Así”: Proadverbio anafórico. Este adverbio se refiere a los deseos más íntimos de Ana, los cuales guardaba en profundo secreto.

Se produce la elipsis de sujeto y verbo en el adverbio “Perfectamente” el enunciado es ese. Nos dice que la conciencia de don Álvaro estaba tranquila y se sentía libre.

domingo, 31 de marzo de 2019

Influencia de Schopenhauer en Baroja

        Baroja y Schopenhauer

 Se ha dicho con frecuencia que el propagador de la idea del superhombre, debido al gran auge de la Filosofía de Nietzsche, a fines del siglo, ejerció gran influencia sobre Baroja, Unamuno y Azorín y otros escritores del 98. No hay duda que ellos leyeron a Nietzsche y que les interesó el problema de la voluntad . Pero la Filosofía afirmativa del filósofo alemán no correspondía al espíritu pesimista característico de los españoles de fines de siglo, personificado en la multitud de héroes abúlicos de las novelas de la época Las ideas de Nietzsche no contenían ninguna clave cosmológica ni rnetafísica que explicase la decadencia española . Es claro que el individuo se deja influenciar más por la :, ideas que refuerzan las propias. Esto explicaría por qué Schopenhauer, el gran pesimista alemán, llegó a identificarse con las tendencias más sobresalientes del pensamiento español. Es Schopenhauer y no Nietzsche el que debe considerarse guía espiritual de la Generación del 98 . La última parte de El sentimiento trágico de la vida, donde Unamuno habla de la fuerza implacable de la voluntad, está cargada de schopenhauerismo . Lo que es más, Unamuno hace alusión a la obra de Schopenhauer' S . Yuste, el maestro de Azorín, en La voluntad, tiene sobre su estante tres volúmenes de El mundo como voluntad y representación y expresa muchas de las ideas del filósofo alemán. La influencia de Schopenhauer sobre Baroja es aún más patente y sorprende que no se '° Azorín : Ante Barofa, O.C . Madrid, 1948, VIII, 169. " César Barja, Libros y autores contemporáneos, Madrid, 1935, 321 '- Julián Marías, Artículo, Barojá, en el Dtécionarzb de Literatura española, Madrid, 1949 . G. Torrente Ballester, Literatura española contemporánea, 1952, 240. " Helmunt Demuth, Pío Barótá, Das Welfbild tía sethert Werken, Hagen, 1937 . Unamuno, El sentiniténto trágico de la vida, Ensayos, Madrid, 1958, 11, 861 5 1 le haya visto en estudios anteriores . Nuestra intención es mostrar la presencia del pensamiento de Schopenhauer en la ideología de Baroja En uno de sus volúmenes de Memoríás" declara haber leído a Schopenhauer con sumo interés durante su cuarto año de Medicina. Y en juventud, egolatría, escribe sobre el efecto producido por sus lecturas filosóficas : «El leer el libro de Parerga y Paralipómena, de Scho penhauer, me reconcilió con la Filosofía» `. Es indudable que Baroja opinaba mejor de Schopenhauer que de Nietzsche. De una conversación con Palacio Valdés dice : En otra parte, Baroja declara que los filósofos modernos a quienes leía con más interés eran Schopenhauer y Kant . Confiesa que a Kant sólo le había entendido en parte, pero que Shopenhauer le ayudó a comprender al gran pensador de Kónigsberg . Estas y otras declara ciones de Baroja parecen indicar que jamás llegó a penetrar a Kant por completo y que lo que sabía de él le venía de Schopenhauer. Testimonio aún más convincente del gran impacto que la obra de Schopenhauer, El mundo como voluntad y como representación, causó en el gran escritor es el hecho de que Baroja la considere, junto con la Summa Theológica, de Santo Tomás; el Discurso del Método, de Descartes, y la Crítica de la razón pura, de Kant, como uno de los grandes tratados de Filosofía de todos los tiempos `. Como hemos dicho, un individuo siempre se inclinará más a aceptar la influencia de un pensamiento que responda a su propia problemática cultural . El español, más que cualquier otro europeo, es un producto de su pasado. El hecho de que también a Schopenhauer le intrigase el pensamiento español nos ofrece una dimensión en este estudio de sus influencias. Después de Morel-Fatio, muy poco se ha dicho sobre el interés de Schopenhauer en los estudios españoles. Sabemos que el estudio del castellano ocupó gran parte de su tiempo, en Berlín, cerca de 1825, y que más tarde tradujo el Oráculo manual y arte de prudencia, de Gracián . También conoció y admiró a Von Humboldt, el famoso hispanista alemán. En El mundo como voluntad y como representación, ^ declara que sólo conoce tres alegorías detalladas en la literatura mundial. Dos de ellas son españolas: El Criticón, de Gracián, y Don Queme de Cervantes . Así podemos establecer una afinidad entre Baroja y Schopenhauer más profunda de lo que anteriormente se había sugerido . Ambos sufrieron, en grado mayor o menor, la influencia de una tradición común que históricamente ha sido, en su esencia, pesimista. En los primeros escritos de Baroja ya podemos vislumbrar rasgos definitivos del pesimismo schopenhauerriano . En Sufrir y pensar, un artículo publicado, en 1899, en la Revista Nueva, vemos muy claramente, y por primera vez, la aceptación por parte de Baroja de una doc trina schopenhaueriana que penetra toda su obra literaria: la idea de que el conocimiento aumenta el dolor. Baroja declara: Este concepto básico reaparece con frecuencia en muchas novelas de Baroja Y sobresale en La feria de los discretos y en El árbol de la ciencia. Baroja escribió sus novelas más importantes entre 1900 y 1912, novelas que revelan la 52 Hablamos también de Filosofía ; él dijo que Nietzsche no valía nada, y que el gran filósofo y moralista alemán era Schopenhauer, en lo cual estaba yo, en parte, conforme". La sombra del dolor sigue a la inteligencia como el cuerpo, y así como a raza superior y a superior tejido corresponden mayor capacidad para sentir dolores, así también a cerebro más perfeccionado corresponde más exquisita percepción del dolor` " Fanalia, infancia y juventud, VII, 588. '' Juventud, egolatría, V, 164. ' e Finales del siglo XIX y principios del siglo XX, VII, 762 " El escrúor según él y según los críticos, VII, 455. z° «Sufrir y pensar», en Revista Nueva, Madrid, 5 de mayo de 1899 También en O.C ., VIII, 865. personalidad y el espíritu del 98. Muchos de sus personajes son autobiográficos y simbólicos de la angustia provocada por la crisis nihilista de la época. Los protagonistas de estas novelas fracasan invariablemente en la vida, a causa de una voluntad desorientada, poseen un pesimismo implacable y el sentimiento de una crueldad insaciable . En resumen, la influencia de Schopenhauer es avasalladora Muchos de los héroes barojianos oscilan entre los períodos de sufrimiento y los estados de abulia, en que padecen el aburrimiento . Tal es el caso de Fernando Ossorio, en Camino de perfección; de Manuel, en la trilogía de La lucha por la vida, y de Quintín, en La feria de los discretos. El pesimismo de Schopenhauer gira alrededor de esta teoría . Hemos, por consiguiente, de concluir que no fue sólo el tono profundo de pesimismo en la Filosofía de Schopenhauer lo que atrajo a Baroja, sino también sus peculiares postulados metafísicos y morales. Estaremos más cerca de comprender la importancia decisiva de esta influencia al analizar El árbol de la ciencia, la novela más importante de Baroja . Parece extraño hablar de la influencia de una Filosofía sobre la estructura de una novela . Pero esto ocurre en El árbol de la ciencia. Conviene decir que la inspiración de Baroja como novelista nunca fue estética, sino filosófica y social . En sus novelas tiende a fundirse la forma y el contenido. La novela que nos ocupa es un estudio sobre la incapacidad del protagonista, Andrés Hurtado, para adaptarse a las circunstancias que le rodean (la España de principios de siglo) y de su esfuerzo por lograr un ajuste ideológico con las vicisitudes de la vida . Ortega lo expresa claramente : Andrés Hurtado siente incompatibilidad con la vida que le rodea, se siente otro que esa España circundante No entiende los ruidos de la realidad que le envuelve y soporta. En torno a él, España, un inmenso absurdo. . . Este mozo es un precursor porque siente germinar en los senos de su espíritu un nuevo idioma ideológico` . Vemos que la novela es más autobiográfica que otras y que verdaderamente refleja la filosofía vital del autor. Baroja mismo la clasifica como su tratado filosófico mejor logrado. El árbol de la ciencia es, entre las novelas de carácter filosófico, la mejor que yo he escrito Probablemente es el libro más acabado y completo de todos los míos, en el tiempo en que yo estaba en el máximo de energía vital` Así que la esencia de esta novela es la filosofía personal de Baroja y la huella de Schopenhauer se percibe muy claramente, puesto que la estructura de la novela no es otra cosa que una proyección novelística de El mundo como voluntad y como representación, la obra fundamental del alemán que Baroja había leído y asimilado tantas veces. Andrés Hurtado, el joven estudiante de Medicina, está desilusionado con la vida que le rodea y sus propias circunstancias personales le son adversas : el estudio de la Medicina en España es una farsa y su vida familiar es desdichada Hurtado, lo mismo que Silvestre Paradox antes que él, se refugia en la lectura de Schopenhauer y Kant y encuentra una orientación espiritual . Conforme Hurtado iba presenciando el dolor de los pacientes y la injusta crueldad del personal del hospital donde servía como interno se convencía cada vez más de la filosofía pesimista de Schopenhauer El ser inteligente, al darse cuenta de las cosas, aumentaba el dolor propio. De la contemplación de su propio dolor, Hurtado pasa a la del dolor del mundo de Lulú, su futura esposa, y se convence aún más de «la crueldad universal» . Visita al tío Iturrioz, el cual le sirve de maestro y estímulo en sus inquisiciones filosóficas . Es precisamente esta parte de la novela que aparece bajo la forma de conversación con ` Ortega y Gasset, «Pío Baroja : Anatomía de un alma dispersa», El Espectador, I, 170. ` Final del siglo XIX y principios del siglo XX, VII, 801 53 Iturrioz, la que hace resaltar más nítidamente el concepto barojiano sobre la Filosofía de Schopenhauer. Cuando Iturrioz interroga a Hurtado sobre la fuente de su Filosofía vital, éste le responde: «Pues en Kant y en Schopenhauer, sobre todo»` . Luego cita la teoría metafísica kantiana de que los conceptos de espacio, tiempo y causalidad son atributos de la inteligen- cia humana y no de la realidad misma. Este es el meollo metafísico de la Filosofía de Schopenhauer En conclusión, puede decirse que Baroja aceptó la ideología de Schopenhauer, en casi todos sus detalles . Básicamente, El árbol de la ciencia es un estudio sobre Andrés Hurtado, y la historia de Hurtado no es más que una proyección novelística del concepto personal de la visión del cosmos y del hombre y su problemática, según Schopenhauer El individuo pasa de la corriente vital, ciega y tumultuosa, que lo arrastra consigo, al aburrimiento total de la ataraxia, que se consigue mediante la contemplación; es decir, del mundo de la voluntad al mundo de la representación . También podría aventurarse la hipótesis de que hubiese sido esta aceptación de Filosofía tan pesimista la que volviera a Baroja tan popular con los desilusionados españoles de la época, consecuencia del desastre del 98 . Derrota que originó igualmente el pesimismo de la Generación del 98 .

domingo, 17 de febrero de 2019

Unamuno y Valle-Inclán


  1. UNAMUNO
     Es el mejor ensayista de la época, que lo refleja en escritos en los que muestra preocupación por temas metafísicos, existenciales, sociales, políticos, filosóficos o religiosos. También destacó en novela, poesía y teatro, géneros que se ven impregnados también des sus preocupaciones metafísicas y existenciales.   
     Su primera gran obra es un ensayo, En torno al casticismo (1895), que escribe dentro del ambiente generacionista de fin de siglo. Analiza la decadencia y considera necesario alejarse del tradicionalismo y tipismo españoles. Su alternativa será el acercamiento a Europa (“hay que europeizar España” dirá) y a una realidad para la que necesita acuñar un término nuevo: la intrahistoria, es decir, la vida de los hombres y mujeres no célebres, los que trabajan en silencio cada día.  Son sus años de progresista, cuando abrazó el marxismo y se vio impregnado por ideas krausistas.
     Unamuno sufre una crisis en 1897 tras la muerte de su tercer hijo, Raimundín, y su descontento con las ideas socialistas. Unamuno está descubriendo lo que podría denominarse una confesionalidad objetiva. Buen testimonio de ello es su obra Tres ensayos (1900), que incluye “Adentro”, “La ideocracia” y “La fe”.  Sufre una crisis espiritual, al no poder solventar el problema de la muerte. Sus preocupaciones políticas darán paso a las de orden ético-religioso. Se inscribe así su pensamiento en el llamado mal de siglo.        
    Su gran obra del momento es Amor y pedagogía (1902), sátira común de las ideas positivistas e idealistas a la altura de 1890, basadas en el interés por la psicología del conocimiento y su latente idea de encerrar el mundo en una explicación única. Como en Baroja y Azorín, aparece un maestro, ahora Entrambosmares.  Después de una novela redactada con una técnica próxima aún a la novela realista, Paz en la guerra (1897), en Amor  y pedagogía (1902) rompe con las formas de narrar tradicionales y se aproxima al género ensayo. Como parte de la crítica no la acepta como novela, acuña el término nivola
     En el largo apéndice Apuntes para un tratado de cocotología, obra inédita de Entrambosmares, es una burla de la ambición humana de reducir todo a método, a sistema.
      En Vida de don Quijote y Sancho (1905) hace una lectura romántica de la obra cervantina. Pretendía crear una “religión nacional” quijotesca a medias entre el repudio de la política, la exaltación del espíritu creador y el desdén estoico por el llamado progreso.
     Como el tema social siempre le había interesado, su preocupación por España y su desencanto con el socialismo y con las ideas que habían venido de Europa le hacen añorar ahora su liberalismo decimonónico, por lo que a partir de 1906 vuelve del revés su inicial idea de europeizar España, que cambia por la de “españolizar Europa”, opinando ahora que Europa necesita para su regeneración moral de un fondo espiritual español. 
     En adelante, el irracionalismo de Unamuno hace de la ambivalencia, de la contradicción entre los opuestos, del gusto por la paradoja, el camino intelectual para profundizar en la interioridad.  Expresa con esto la imposibilidad de una construcción filosófica del mundo completa y acabada. Para él, su estado agónico está causado también por el hecho de que no se pueda probar racionalmente la existencia de Dios.  A este estado agónico contribuyen el miedo a la muerte y la necesidad de creer en un Dios que garantice la inmortalidad personal. Estas ideas se reflejan en otro ensayo, Del sentimiento trágico de la vida (1913).
     Su preocupación por la muerte está ya en su primera gran novela, Niebla (1913), en la que aparece un personaje que se dirige al propio Unamuno así: “Usted también se morirá, don Miguel, morirá usted y morirá todos los que piensan”. Se enfrenta su personaje al autor. Hay un evidente paralelismo: el escritor queda enfrentado a Dios, el creador de su realidad.
     La novela de Unamuno supone una ruptura con la realista, pues, dice, el realismo es <<cosa puramente externa, aparencial, cortical y anecdótica>>. Unamuno juega con las técnicas narrativas, con la estructura de los relatos y con la concepción misma de los personajes.
     Del resto de novelas destacamos La tía Tula (1921) y San Manuel Bueno, mártir (1930)


2.       Valle-Inclán
     Aprende a manejar en su juventud las fuentes francesas, con su sentido del misterio, el diálogo galante, la alusión literaria de aire casual y cierto humor entre nonchalante y cínico.
    Sus Sonatas (1902-1905) están en la órbita del simbolismo. En ellas, aparece un personaje, Xavier, marqués de Bradomín, surgido en un cuento llamado “¿Cuento de amor?” (1901), donde ya se anticipa la relación con su prima Concha.
  En Sonata de otoño (1902) aparece la trama erótica. Bradomín es representante de la ficticia aristocracia carlista, pero también libertina.
   Sonata de estío (1903) es una aventura erótica de la lejana juventud del Marqués con la niña Chole (del anterior cuento “La niña Chole”), de la que descubre el incesto con su padre.
    Sonata de primavera (1904) relata el episodio amoroso con María Rosario, la enamorada pero timorata princesita Gaetani.
    Sonata de invierno, con un Bradomín ya sexagenario, es sobre su relación con son Maximina, que, en realidad, es hija suya.
    Nos hallamos ante un esteticismo decadentista prototípico que no deja de evocarse con puntas de ironía (diálogos de espesa cortesanía, arcaísmos chirriantes, adjetivos solemnes), pero que también se dibuja sobre una dimensión trágica siempre presente; a ella corresponden la culpabilidad y el castigo, el sufrimiento y el remordimiento, el misterio y lo diabólico.
     Aunque la etapa de los esperpentos no se inicia hasta los años veinte y es indudable la huella del Modernismo en él, en Valle-Inclán estará siempre presente la farsa, la crítica, la parodia, la ironía y el humor (a veces, humor negro).
     Podíamos establecer un paralelismo con la obra romántica de Zorrilla, pues ambos se valen del mismo recurso: echan mano como soporte formal de la moda imperante (en el caso de Zorrilla, la moda romántica; en el caso de Valle-Inclán, la modernista) para criticar los recursos expresivos y los personajes típicos de cada género.
     Son rasgos propios del Modernismo la música, el simbolismo, el ambiente misterioso y de leyenda, los jardines preciosos y lujosos interiores, que, sin embargo, ofrecen su contrapunto con la ironía y el distanciamiento de sus propios personajes, fundamentalmente con el donjuán, el Marqués de Bradomín, “feo, católico y sentimental”. Son, pues, las Sonatas, a la vez, la suma y burla de los tópicos del fin de siglo.   


TEXTO 1
    Las olas de la historia, con su rumor y su espuma que reverbera al sol, ruedan sobre un mar continuo, hondo, inmensamente más hondo que la capa que ondula sobre un mar silencioso y a cuyo último fondo no llega el sol. Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia toda del «presente momento histórico», no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros, y una vez cristalizada así, una capa dura, no mayor con respecto a la vida intrahistórica que esta pobre corteza en que vivimos con relación al inmenso foco ardiente que lleva dentro. Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombre sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y  van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que como la de las madréporas suboceánicas echa las bases sobre que se alzan los islotes de la historia. Sobre el silencio augusto, decía, se apoya y vive el sonido; sobre la inmensa humanidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la historia. Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentira que suele ir a buscar al pasado enterrado en los libros y papeles, y monumentos, y piedras.
TEXTO 2
––“¡No, no te muevas! ––le ordené.
––Es que... es que... ––balbuceó.
––Es que tú no puedes suicidarte, aunque lo quieras.
––¿Cómo? ––exclamó al verse de tal modo negado y contradicho.
––Sí. Para que uno se pueda matar a sí mismo, ¿qué es menester? ––le pregunté.
––Que tenga valor para hacerlo ––me contestó.
––No ––le dije––, ¡que esté vivo!
––¡Desde luego!
––¡Y tú no estás vivo!
––¿Cómo que no estoy vivo?, ¿es que me he muerto?  ––y   empezó, sin darse clara cuenta de lo que hacía, a palparse a sí mismo.
––¡No, hombre, no!  ––le repliqué––. Te dije antes que no estabas ni despierto ni dormido, y ahora te digo que no estás ni muerto ni vivo.
––¡Acabe usted de explicarse de una vez, por Dios!, ¡acabe de explicarse!  ––me suplicó consternado––, porque son tales las cosas que estoy viendo y oyendo esta tarde, que temo volverme loco.
––Pues bien; la verdad es, querido Augusto  ––le dije con la más dulce de mis voces––, que no puedes matarte porque no estás vivo, y que no estás vivo, ni tampoco muerto, porque no existes...
––¿Cómo que no existo? ––––exclamó.
––No, no existes más que como ente de ficción; no eres, pobre Augusto, más que un producto de mi fantasía y de las de aquellos de mis lectores que lean el relato que de tus fingidas venturas y malandanzas he escrito yo; tú no eres más que un personaje de novela, o de nivola, o como quieras llamarle. Ya sabes, pues, tu secreto.
Al oír esto quedóse el pobre hombre mirándome un rato con una de esas miradas perforadoras que parecen atravesar la mira a  ir más allá, miró luego un momento a mi retrato al óleo que preside a mis libros, le volvió el color y el aliento, fue recobrándose, se hizo dueño de sí, apoyó los codos en mi camilla, a que estaba arrimado frente a mí y, la cara en las palmas de las manos y mirándome con una sonrisa en los ojos, me dijo lentamente:
––Mire usted bien, don Miguel... no sea que esté usted equivocado y que ocurra precisamente todo lo contrario de lo que usted se cree y me dice.
––Y ¿qué es lo contrario? ––le pregunté alarmado de verle recobrar vida propia.
––No sea, mi querido don Miguel  ––añadió––, que sea usted y no yo el ente de ficción, el que no existe en realidad, ni vivo, ni muerto... No sea que usted no pase de ser un pretexto para que mi historia llegue al mundo...”

Niebla, Unamuno

TEXTO 3
     E iba corriendo el tiempo y observábamos mi hermano y yo que las fuerzas de don Manuel empezaban a decaer, que ya no lograba contener del todo la insondable tristeza que le consumía, que acaso una enfermedad traidora le iba minando el cuerpo y el alma. Y Lázaro, acaso para distraerle más, le propuso si no estaría bien que fundasen en la iglesia algo así como un sindicato católico agrario.
     - ¿Sindicato? –respondió tristemente don Manuel- ¿Sindicato? Y ¿qué es eso? Yo no conozco más sindicato que la iglesia, y ya sabes aquello de “mi reino no es de este mundo”. Nuestro reino, Lázaro, no es de este mundo… 
     - ¿Y del otro?
     Don Manuel bajó la cabeza:
    - El otro, Lázaro, está aquí también, porque hay dos reinos en este mundo. O mejor, el otro mundo…, vamos, que no sé lo que me digo. Y en cuanto eso del sindicato, es en ti un resabio de tu época de progresismo. No, Lázaro, no; la religión no es para resolver los conflictos económicos o políticos de este mundo que Dios entregó a las disputas de los hombres. Piensen los hombres y obren los hombres como pensaren y como obraren, que se consuelen de haber nacido, que vivan lo más contentos que puedan en la ilusión de que todo esto tienen una finalidad. Yo no he venido a someter los pobres a los ricos, ni a predicar a estos que se sometan a aquellos. Resignación y caridad en todos y para todos. Porque también el rico tiene que resignarse a su riqueza, y a la vida, y también el pobre tiene que tener caridad para con el rico. ¿Cuestión social? Deja eso, eso no nos concierne. Que traen una nueva sociedad, en que no haya ya ni ricos ni pobres, en que esté justamente repartida la riqueza, en que todo sea de todos, ¿y qué? ¿Y no crees que del bienestar general surgirá más fuerte el tedio de la vida? Sí, ya sé que uno de esos caudillos de la que llaman la revolución social ha dicho que la religión es el opio del pueblo. Opio…, opio… Opio, sí. Démosle opio, y que duerma y que sueñe. Yo mismo, con esta mi loca actividad, me estoy administrando opio. Y no logro dormir bien, y menos soñar bien. ¡Esta terrible pesadilla! Y yo también puedo decir con el Divino Maestro: “Mi alma está triste hasta la muerte”. No, Lázaro, no; nada de sindicatos por nuestra parte. Si lo forman ellos, me parecerá bien, pues que así se distraen. Que jueguen al sindicato, si eso les contenta.

LÁZARO es el Unamuno joven y DON MANUEL es el Unamuno mayor.
La religión es el opio del pueblo.
Son los primeros intelectuales que se preocupan por la pobreza.
Censura a Marx, a los progresistas, a los filósofos.
Hay ricos y pobres. Pero el pobre puede sentir lástima por el rico.

TEXTO 4
   Una alma humana vale por todo el universo, ha dicho no sé quién, pero ha dicho egregiamente. Un alma humana, ¿eh? No una vida. La vida esta no. Y sucede que a medida que se cree menos en el alma, es decir, en su inmortalidad consciente, personal y concreta, se exagerará más el valor de la pobre vida pasajera. De aquí arrancan todas las afeminadas sensiblerías contra la guerra. Sí, uno no debe querer morir, pero la otra muerte. «El que quiera salvar su vida, la perderá», dice el Evangelio; pero no dice el que quiera salvar su alma, el alma inmortal. O que creemos y queremos que lo sea.
    Y todos los definidores del objetivismo no se fijan, o mejor dicho, no quieren fijarse, que al afirmar un hombre su yo, su conciencia personal, afirma al hombre, al hombre concreto y real, afirma el verdadero humanismo -fue no es el de las cosas del hombre, sino el del hombre-, y al afirmar al hombre, afirma la conciencia. Porque la única conciencia de que tenemos conciencia es la del hombre. El mundo es para la conciencia. O, mejor dicho, este para, esta noción de finalidad, y mejor que noción sentimiento, este sentimiento teológico no nace sino donde hay conciencia. Conciencia y finalidad son la misma cosa en el fondo.

Del sentimiento trágico de la vida, Unamuno.

Egregiamente: Ilustremente.
Sentimiento religioso.

TEXTO 5
    Y es que las ciencias, importándonos tanto y siendo indispensables para nuestra vida y nuestro pensamiento, nos son, en cierto sentido, más extrañas que la filosofía. Cumplen un fin más objetivo, es decir, más fuera de nosotros. Son, en el fondo, cosa de economía. Un nuevo descubrimiento científico, de los que llamamos teóricos, es como un descubrimiento mecánico; el de la máquina de vapor, el teléfono, el fonógrafo, el aeroplano, una cosa que sirve para algo. Así, el teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. ¿Pero esta para qué nos sirve? Toma uno el tranvía eléctrico para ir a oír una ópera; y se pregunta: ¿cuál es, en este caso, más útil, el tranvía o la ópera? La filosofía responde a la necesidad de formarnos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida, y como consecuencia de esa concepción, un sentimiento que engendre una actitud íntima y hasta una acción. Pero resulta que ese sentimiento, en vez de ser consecuencia de aquella concepción, es causa de ella. Nuestra filosofía, esto es, nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma. Y esta, como todo lo afectivo, tiene raíces subconscientes, inconscientes tal vez.

Del sentimiento trágica de la vida, Unamuno.
Positivismo.
Intimismo: Se cierra en sí mismo.
Materialismo.

TEXTO 6
     Estábamos sentados en el sofá y hacía mucho tiempo que hablábamos. La pobre Concha me contaba su vida durante aquellos dos años que estuvimos sin vernos. Una de esas vidas silenciosas y resignadas que miran pasar los días con una sonrisa triste, y lloran de noche en la oscuridad. Yo no tuve que contarle mi vida. Sus ojos parecían haberla seguido desde lejos, y la sabían toda. ¡Pobre Concha! Al verla demacrada por la enfermedad, y tan distinta y tan otra de lo que había sido, experimenté un cruel remordimiento por haber escuchado su ruego aquella noche en que, llorando y de rodillas me suplicó que la olvidase y que me fuese. ¡Su madre, una santa enlutada y triste, había venido a separarnos! Ninguno de nosotros quiso recordar el pasado y permanecimos silenciosos. Ella resignada. Yo con aquel gesto trágico y sombrío que ahora me hace sonreír. Un hermoso gesto que ya tengo un poco olvidado, porque las mujeres no se enamoran de los viejos, y sólo está bien en un Don Juan juvenil. ¡Ay, si todavía con los cabellos blancos, y las mejillas tristes, y la barba senatorial y augusta, puede quererme una niña, una hija espiritual llena de gracia y de candor! Pero a la pobre Concha el gesto de Satán arrepentido le hacía temblar y enloquecer: era muy buena, y fue por es muy desgraciada. La pobre, dejando asomar a sus labios aquella sonrisa doliente que parecía el alma de una flor enferma, murmuró:
-          ¡Qué distinta pudo haber sido nuestra vida!
-          ¡Es verdad!... Ahora no comprendo cómo obedecí tu ruego. Fue sin duda porque te vi llorar.
-          No seas engañador. Yo creí que volverías … ¡Y mi madre tuvo siempre ese miedo!
-          No volví porque esperaba que tú me llamases. ¡Ah, el Demonio del orgullo!
-          No, no fue el orgullo … Fue otra mujer… Hacía mucho tiempo que me traicionabas con ella. Cuando lo supe, creí morir. ¡Tan desesperada estuve, que consentí en reunirme con mi marido!
     Cruzó las manos mirándome intensamente, y con la voz velada, y temblando su boca pálida, sollozó:
-          ¡Qué dolor cuando adiviné por qué no habías venido! ¡Pero no he tenido para ti un solo día de rencor!
      No me atreví a engañarla en aquel momento, y callé sentimentalmente. Concha pasó sus manos por mis cabellos y enlazando los dedos sobre mi frente, suspiró:
-          ¡Qué vida tan agitada has llevado durante estos dos años! … ¡Tienes casi todo el pelo blanco!...
Yo también suspiré doliente:
-          ¡Ay! Concha, son las penas.
-          No, no son las penas. Otras cosas son … Tus penas no pueden igualarse a las mías, y yo no tengo el pelo blanco…
      Me incorporé para mirarla. Quité el alfilerón de oro con que se sujetaba el nudo de los cabellos, y la onda sedosa y negra rodó sobre sus hombros. 

TEXTO 7
  Anochecía cuando la silla de posta traspuso la Puerta Salaria y comenzamos a cruzar la campiña llena de misterio y de rumores lejanos. Era la campiña clásica de las vides y de los olivos, con sus acueductos ruinosos, y sus colinas que tienen la graciosa ondulación de los senos femeninos. La silla de posta caminaba por una vieja calzada: Las mulas del tiro sacudían pesadamente las colleras, y el golpe alegre y desigual de los cascabeles despertaba un eco en los floridos olivares. Antiguos sepulcros orillaban el camino y mustios cipreses dejaban caer sobre ellos su sombra venerable. La silla de posta seguía siempre la vieja calzada, y mis ojos fatigados de mirar en la noche, se cerraban con sueño. Al fin quedéme dormido, y no desperté hasta cerca del amanecer, cuando la luna, ya muy pálida, se desvanecía en el cielo. Poco después, todavía entumecido por la quietud y el frío de la noche, comencé a oír el canto de madrugueros gallos, y el murmullo bullente de un arroyo que parecía despertarse con el sol. A lo lejos, almenados muros se destacaban negros y sombríos sobre celajes de frío azul. Era la vieja, la noble, la piadosa ciudad de Ligura