martes, 11 de diciembre de 2018

REALISMO , NATURALISMO Y ESPIRITUALISMO


EL REALISMO Y NATURALISMO



1. Ambiente socio-político en España.

     Las disputas entre conservadores y liberales, presentes ya en la primera mitad de este  siglo XIX, continúan en esta segunda mitad.

     En 1868 cae la monarquía. Esta caída de la monarquía se debió a la revolución conocida como la Gloriosa, que fomentó un grupo variado (liberales, progresistas, demócratas, republicanos,…). Esta etapa se conoce como Sexenio Revolucionario, que supuso adoptar medidas como: sufragio universal; libertad de industria y comercio; separación de la Iglesia y el Estado; matrimonio civil; supresión de ciertas órdenes religiosas.

     Las contradicciones entre las distintas facciones resultan insuperables. Esto ayudó en gran medida a que, en 1874, gracias en gran parte a la intervención del Ejército, vuelva Alfonso XII y se inicie el periodo de la Restauración. El nuevo reinado comienza con medidas reaccionarias: restricción del sufragio universal, represión del movimiento obrero, separación de sus cátedras de los profesores universitarios progresistas, anulación del matrimonio civil, protección a la Iglesia, …

      Son estos también los años en los que aparecen unas sólidas organizaciones obreras (de 1879 es el PSOE y de 1888, el sindicato UGT).

      Socialmente, la burguesía no es capaz de llevar a buen puerto la revolución liberal y la alta burguesía se acaba fundiendo con los restos de la vieja aristocracia, pasando a constituirse así la oligarquía dominante en la Restauración.

      Asimismo, aunque se produce un incremento de la población, el desarrollo económico resultó insuficiente, por lo que aumentó el número de pobres.



2. El costumbrismo

     Ya en los años treinta y cuarenta, en pleno auge del Romanticismo, aparece el deseo de algunos escritores de reflejar la sociedad española con exacta fidelidad, apartándose del irrealismo de los románticos. Un precedente había sido ya Larra con sus artículos (los artículos de costumbres). La necesidad de inventar es sustituida, pues, por la necesidad de observar. A este fenómeno se le ha llamado costumbrismo, que en la prensa de la época servirá para expresar una visión conservadora y nostálgica de una España que se va, que enlaza con los discursos conservadores de la época romántica. Los escritores costumbristas, pues, conciben la literatura como expresión del carácter nacional.



Mesonero Romanos

Fragmento de “Las costumbres de Madrid”

     Grave y delicada carga es la de un escritor que se propone atacar en sus discursos los ridículos de la sociedad en que vive. Si no está dotado de un genio observador, de una imaginación viva, de una sutil penetración; si no reúne a estas dotes un gracejo natural, estilo fácil, erudición amena y, sobre todo, un estudio continuo del mundo y del país en que vive, en vano se esforzará a interesar a sus lectores; sus cuadros quedarán arrinconados, cual aquellos retratos que, por muy estudiados que estén, no alcanzan la ventaja de parecerse al original.

     El transcurso del tiempo y los notables sucesos que han mediado desde los últimos años del siglo anterior han dado a las costumbres de los pueblos nuevas direcciones, derivadas de las grandes pasiones e intereses que pusieran en lucha las circunstancias. Así que un francés actual se parece muy poco a otro de la Corte de Luis XV, y en todas las naciones se observa la misma proporción.

     Los españoles, aunque más afectos en general a los antiguos usos, no hemos podido menos de participar de esta metamorfosis, que se hace sentir tanto más en la Corte por la facilidad de las comunicaciones y el trato con los extranjeros. Añádanse a estas causas las invasiones, repetidas dos veces en este siglo; la mayor frecuencia de los viajes exteriores; el conocimiento muy generalizado de la lengua y literatura francesas; el entusiasmo por sus modas y, más que todo, la falta de educación sólidamente española, y se conocerá la necesidad de que nuestras costumbres hayan tomado un carácter galo-hispano, peculiar del siglo actual, y que no han trazado ni pudieron prever rígidos moralistas o los festivos críticos que describieron a España en los siglos anteriores. Es a la verdad muy cierto que, en medio de esta confusión de ideas y al través de tal extravagancia de usos, han quedado aún (principalmente en algunas provincias) muchos característicos de la nación, si bien todos en general reciben paulatinamente cierta modificación que tiende a desfigurarlos.



Escenas Matritenses (1842)





      La primera gran autora que tenemos que reseñar, al margen de los escritos periodísticos, es Fernán Caballero, quien en 1849 publica La gaviota, donde introduce tipos y ambientes rurales. Su éxito se debió a que al público español ya le empezaba a cansar el personaje noble romántico que hablaba con voz altisonante y a que a este mismo público le encantó el nuevo mundo al que los conducía Fernán Caballero, pues lo pinta idealizado.  De todas formas, ella misma dice: <<No pretendo escribir novelas, sino cuadros de costumbres, retratos.>>



Fragmento de “Una en otra”
     «No soy», prosiguió el peruano, «hombre que hace discursos; me gusta venir cuanto antes al grano. Así, sin más preámbulos, señora, sepa Ud. que a lo que vengo es a pedirla su hija para mi muchacho. Ud., esto lo extrañará, pero ¿qué quiere Ud.? el hombre propone y Dios dispone. Tenía otra boda para él a la vista; eran otras mis miras. Pero el señorito dice que no: se ha puesto triste y malo. ¡Qué demonios! Es mi hijo único y, cuando le veo triste o enfermo, no sé decirle que no.»
     Mientras el viejo Miranda pedía de esta manera humillante la mano de Casta, esta se había puesto alternativamente encendida como el sol, y pálida como la luna.
     Doña Mónica, fuera de sí de alegría, respondió algunas palabras corteses, mirando a su hija con inquietud. Estaba ésta impasible y sin levantar los ojos de su costura.
     No se hallará, quizás, entre las jóvenes españolas criadas en el mundo, esa ciega inocencia, esa temblorosa timidez, esa exagerada circunspección de las jóvenes del norte. Tiene la española el entendimiento demasiado penetrante, el carácter demasiado enérgico, la imaginación demasiado vasta para poder quedar en ese capullo de seda. La idea de afectar una sencillez infantil, cuyo atractivo no concibe, la haría encogerse de hombros y se reiría de usarle, como una princesa de ponerse el traje de una pastora de Arcadia.
     En lugar de aquel suave velo rosado con que se cubren las vírgenes del norte, tiene ella su orgullo. Con su orgullo la española no se encoge, sino que se alza. Por su orgullo no es coqueta, porque desdeña los homenajes que no halagan su corazón: a su orgullo confía su virtud. Y esto hace que ninguna mujer comprenda como ella la dignidad de la mujer. Así, ella hace de los españoles los hombres más apasionados, más galantes, más delicados, más respetuosos del mundo.
     «Hijo mío», dijo el viejo Miranda, después de haber mirado a Casta, «por lo que toca a la persona, no hay pero que ponerle: esto está a la vista. Doña Mónica, me parece que, sin que nos ciegue la parcialidad, los nietos nuestros serán bonitos. –¿Qué está Ud. ahí cosiendo, Castita?»
     «Un vestido de guinda», contestó Casta. «Vamos, vamos, suelte Ud. la costura», dijo el suegro futuro; «de aquí en adelante no coserá Ud.; no gastará más vestidos de guingán.»
     «¡Ay! sí, señor; los gastaré; es la tela que prefiero.»
     «¿Y si su marido de Ud. no quisiera? ¿Si no quiere sino que gaste Ud. vestidos de seda?»
     «No llegará ese caso», dijo Casta con voz firme; «pues no pienso casarme.»
     Al oír esta brusca y terminante declaración, el señor Miranda quedó estupefacto; su hijo miró a Casta con angustia, cruzando las manos; la pobre madre palideció, gritando: “¡Casta, Casta! no partas de ligero y piensa antes de decidirte.»
      Casta seguía cosiendo tranquilamente y sin levantar la cabeza.
     «¿Qué es esto?» exclamó al fin el señor Miranda. «¡Mi hijo es rehusado! ¡Mi hijo, mi hijo! el mejor mozo, el más distinguido de los muchachos de Cádiz, criado en Londres y París, que debe heredar mi caudal; gentilhombre de Su Majestad...»
     «Que, por consiguiente», dijo Casta con sonrisita burlona, «gasta una llave de oro con que abre todas las puertas. ¿No es verdad?>>
     «¡Señorita!» interrumpió el viejo Miranda encendido en cólera, «¿cuáles son vuestras miras? ¿A qué aspira Ud.? ¿Al infante Don Francisco o al infante Don Enrique?»
     «No aspiro a cosa tan alta», respondió Casta con calma. «No aspiro sino a ser feliz.»
     Al oír esta respuesta, el joven Miranda se levantó y dijo con dignidad: «Basta, padre; vámonos.»



     Es la prosa costumbrista, por tanto, el precedente de la novela realista posterior, a la que le proporciona técnicas fundamentales para la confección de ambientes, de personajes secundarios y sus protagonistas. Destacan José María Pereda, Pedro Antonio de Alarcón y Palacio Valdés.

     De todas formas, hay que dejar bien claro que no es considerado un movimiento literario distinto al movimiento literario anterior, el Romanticismo, ni al posterior, el Realismo, sino, más bien, una técnica empleada. Esto lo prueba el que un escritor del realismo algo tardío, como Palacio Valdés, escriba en sus textos con esta técnica con abundantes descripciones de ambientes.



     Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de cigarro, y sobre él un platillo y una taza, pregonando que el café no desvela a todas las personas. La estancia, amueblada para el verano con mecedoras y sillas de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y pintadas al fresco, se hallaba menos que a media luz; las persianas la dejaban a duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque nos hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y en el campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido de las cigarras y el pío pío de algún pájaro que, protegido por los pámpanos de la parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la siesta de sus compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de un carro, lento, monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían cesado ya tiempo hacía los ruidos del fregado de los platos. La fregatriz, la robusta, la colosal. Mariona, como andaba descalza, sólo producía un leve gemido de las tablas, que se quejaban al recibir tan enorme y maciza humanidad.
      Cualquiera envidiaría aquella estancia fresca, aquel silencio dulce, aquel sueño plácido.
Despertóle una voz bien conocida:
     – Papá, papá.
     Abrió los ojos y vio a su hijo a dos pasos, con su mandilito de dril color perla. Sus zapatitos blancos, y el negro y enmarañado cabello caído en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico más robusto que hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por los días que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre le tenía todo el día a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las instrucciones de su médico.





3. El Realismo. El Realismo en Europa. El Realismo en España.

En Europa.

     Hacia 1850, en Francia, una serie de escritores y críticos presentan ya el Realismo como una nueva estética, alejada u opuesta del Romanticismo. En 1856 se puede leer en la revista Realisme: “El Realismo pretende la reproducción exacta, completa, sincera, del ambiente social y de la época en que vivimos… Esta reproducción debe ser lo más sencilla posible para que todos la comprendan”. En Francia destacan, inicialmente, Stendhal  y Balzac.

     Paralelamente se iniciará el Realismo en Inglaterra, con su figura más señera en Dickens. En Rusia es tal vez, donde la implantación del Realismo adquiera un cariz distinto, pues los elementos fantásticos están presentes en las novelas. Sobresalen Dostoievski y Tolstoi.



En España.

    El triunfo del Realismo en España es tardío, si lo comparamos con el de otros países europeos. El retraso es paralelo al lento desarrollo de la burguesía. Se puede, no obstante, hablar de un prerrealismo, que iniciaría Fernán Caballero con La Gaviota en 1849.  



NOTAS DIFERENCIALES ENTRE ROMANTICISMO Y REALISMO
ROMANTICISMO
REALISMO
- Predomina lo fantástico.
- Observación de la realidad.
- Evasión en el espacio y en el tiempo
- Ubicación próxima de los hechos
- Fuentes: España (escritores de la Edad Media y el Barroco)
- Fuentes: se mira a Europa.
- Estilo muy recargado, con muchos adornos.
- Estilo sencillo y sobrio.
- Predilección por la poesía y el teatro
- Predilección por la novela
- Literatura para recrear.
- Literatura para educar (novelas de tesis)
- La realidad debe idealizarse para convertirse en arte.
- La realidad por sí sola es un objeto de arte.
- Artículos ideológicos, doctrinales o políticos.
- Disminuye el número de artículos ideológicos, doctrinales o políticos. Son sustituidos por artículos de información.
                    ROMANTICISMO
                                   REALISMO
Subjetivismo
Objetividad
Fantasía (Escenas irreales)
Verosimilitud
Evasión en el espacio y en tiempo
Escenas de la vida cotidiana
Teatro y poesía
Novela
Irracionalismo
Naturalidad

En el Realismo los novelistas adaptan mejor el lenguaje a cada personaje.

Eufemismo en lo erótico

Positivismo ( 2ª mitad del siglo XIX)


NATURALISMO
Determinismo biológico y social
Crítica a la burguesía
Descripciones muy detalladas
Positivismo: La fe en la ciencia, en el examen
Observación

ESPIRITUALISMO

Elogio de la caridad
Elogio de la bondad
Crítica al materialismo
Desengaño

Doña Perfecta
Cap. VI, pag. 105

       Pero no es culpa nuestra que la ciencia esté derribando a martillazos un día y otro tanto ídolo vano, la superstición, el sofisma, las mil mentiras de lo pasado, bellas las unas, ridículas las otras, pues de todo hay en la viña del Señor. El mundo de las ilusiones, que es como si dijéramos un segundo mundo, se viene abajo con estrépito. El misticismo en religión, la rutina en la ciencia, el amaneramiento en las artes, caen como cayeron los dioses paganos, entre burlas. Adiós, sueños torpes, el género humano despierta y sus ojos ven la claridad. El sentimentalismo vano, el misticismo, la fiebre, la alucinación, el delirio, desaparecen, y el que antes era enfermo, hoy está sano y se goza con placer indecible en la justa apreciación de las cosas. La fantasía, la terrible loca, que era el ama de la casa, pasa a ser criada.



4. La novela del Realismo español.

Consolidación del género. La novela de tesis

      El género novelesco no se consolida en España hasta la década de los setenta. Destacan como novelistas españoles Valera, Pereda y, sobre todo, Benito Pérez Galdós. De Valera destacan Pepita Jiménez (1874). Pereda, tras su costumbrista Escenas montañesas (1866), sobresale Don Gonzalo González de la Gonzalera (1879), en la que critica las ideas revolucionarias y con la que responde a las novelas de Galdós.  De Galdós, destacan, de su ciclo de novelas históricas, la Fontana de Oro (1870) y los Episodios Nacionales,.que va publicando en cinco series en esta década de los setenta. De las novelas de tesis, destaca Doña Perfecta (1876), en la que arremete contra la intolerancia y el fanatismo religioso.



Las dos tendencias de la novela desde un punto de vista ideológico.

     A partir de 1868, consecuencia de las revoluciones producidas, se va creando una división entre escritores de acuerdo con un criterio político-religioso-social; es la división entre escritores liberales y conservadores.



DIFERENCIAS ENTRE LOS ESCRITORES REALISTAS EN SUS NOVELAS DE TESIS
CONSERVADORES
LIBERALES PROGRESISTAS
- Son defensores del catolicismo. Sin embargo, su catolicismo es presentado más en términos de nacionalismo español que en términos de relación hombre con Dios.
- Son defensores del anticlericalismo. No se trata de una crítica a los valores religiosos, sino al abuso que en nombre de estos valores se comete en el país.
- Ven más natural y lógico que las personas se asocien según su nivel social y económico.
- Censuran las desigualdades y que se desprecie a las clases bajas.
- Buscan en la España eterna, la de siempre, no en el pasado, como los románticos, sino en el campo, en la sociedad rural, donde el tiempo se ha detenido.
-Se abren a Europa, a los países más desarrollados culturalmente.
- Se orientan a la clase alta.
- Se orientan a la clase media (aristócratas venidos a menos y burguesía en ascenso)
- Son pesimistas (recuerda mucho al pesimismo de los románticos).
- Están llenos de esperanzas y entusiasmo. Juzgan como triunfadora la revolución del 68.
- En sus novelas, no existe la caridad para los que mantienen puntos de vistas contrarios.
- Los personajes liberales de sus novelas son todo generosidad; los católicos carecen de sentido de la caridad (son hipócritas)
- Todo lo que ocurre responde a los designios de la Divina Providencia.
- Lo que ocurre es el reflejo de la historia, que siempre lleva al progreso y a una sociedad más perfecta.
- Para ellos, la religión (el catolicismo) da unidad y el anticlericalismo sólo favorece el individualismo.
- Defienden la libertad religiosa, pues cada individuo debe decidir.
- Fe en la religión.
- Creen en la posibilidad de armonizar razón y fe (es el punto de vista del Krausismo).
- No pretende culturizar a la sociedad, pues no interesa que las clases bajas asciendan
- Pretender culturizar a la sociedad para dar la oportunidad a todo el mundo de demostrar su valía
- Escritores: Pereda, Alarcón
- Escritores: Pérez Galdós, Clarín, Palacio Valdés.



Fin de la primera etapa realista

    La novela de tesis realista triunfante en los setenta, de contenido moral, docente y social, de toma de postura ante la transformación histórica de España y de debate sobre el tema religioso (los escritores conservadores respondían con novelas a los liberales y viceversa) es abandonada, pues los propósitos de convencer a los lectores no dieron, según los novelistas, los resultados apetecidos. Terminará esta primera etapa realista hacia 1880.



5. El Naturalismo

     Corriente literaria que se desarrolló durante el último tercio del siglo XIX y que se inició en Francia. Fue defendida por Émile Zola, quien pretendía que la literatura se convirtiera, a semejanza de las ciencias naturales, en otra ciencia cuyo objeto de estudio fuera el medio social. La literatura debe analizar científicamente el comportamiento humano siguiendo los principios de la observación y la experimentación. Para ello, parte de la idea de que el hombre no era realmente libre, sino que se encontraba determinado biológica y socialmente, puesto que los individuos estaban condicionados por su herencia genética y por el ambiente social en que se movían. Esto explica el interés de los naturalistas por ambientes miserables y por personajes tarados, alcohólicos, embrutecidos o víctimas de patologías diversas, ya que estos casos permitían demostrar mejor la influencia de la biología sobre el medio social.



 5.1. El Naturalismo en Francia.

     - El Naturalismo en Francia. Zola.

    La doctrina naturalista de Zola, es un producto del cientificismo imperante desde los años cincuenta en Francia. Las bases científicas serán: herencia, determinismo biológico y sociológico. 

    Representa el deseo e intento de hacer entrar la literatura en el campo de la ciencia. Fue un sueño de época al que casi todos los novelistas de los años setenta se sumaron. 

     Sus obras más célebres, Nana (1880) y Germinal (1885) según los códigos de la época, aparecieron como audaz expresión de una aspiración liberadora (por lo que se refiere al cuerpo, erotismo), atrevida sátira de la corrupción moral y social, escandalosa ostentación de lo sucio y peligrosa puesta a la luz del día de aspectos y problemas sociales que la burguesía quería ignorar.



5.2. El Naturalismo en España.

- Razones de su triunfo en España.

       Se produce un traslado de la fe, pues las novelas de tesis que habían gozado de tanto éxito en la década de los setenta, aunque habían tenido en cuenta hechos históricos y sociales de la realidad, se llega a la conclusión de que no habían sido objetivas, realistas, tomándose como base el que se habían creado dos bandos, los cuales opinaban de manera completamente distinta sobre un mismo hecho. 

       De todas formas, debe quedar claro que el Naturalismo no es algo opuesto al Realismo; es una segunda etapa del Realismo, por lo que, aunque es algo distinto al Realismo de la novela de tesis de los setenta, también presenta rasgos comunes: apego a la realidad, abundantes descripciones, pervivencia del Costumbrismo. Es, pues, el Naturalismo una segunda etapa del Realismo.

       La reflexión sobre el Naturalismo desemboca en la certidumbre de que la verdad es más “objetiva”, de mayor credibilidad y, por tanto, más eficaz, pintar las cosas como son que mostrar cómo deberían ser, es decir, que es inútil añadir cualquier dimensión idealista a la novela, ya que la realidad no puede deparar sino provechosas enseñanzas.

    Galdós, en 1881, con La desheredada, abandona el “realismo abstracto” o “encauzado” e inicia el periodo naturalista. Ya en 1880 empiezan a traducirse novelas naturalistas. La razón principal por la cual se adaptaron muchos de los novelistas españoles al naturalismo fue para oponerse al idealismo de los escritores conservadores. Por tanto, los escritores que se adaptarán inicialmente a la nueva moda serán sólo los liberales, esto es, Galdós, Clarín, Palacio Valdés.

       Para los escritores conservadores, como Pereda o Alarcón, el naturalismo era sinónimo de obscenidad y grosería (Alarcón habla de “mano negra” y “mano sucia” de la escuela naturalista y Pereda reaccionó indignado cuando un crítico lo calificó de naturalista). 

       Para los escritores liberales jugará un papel relevante el krausimo, adaptado por Sanz del Río, pues implica un claro espíritu de tolerancia. El principio del libre examen y la negación del dogma son esenciales al espíritu krausista.



- El naturalismo español y su relación con el francés.

     La influencia krausista para los escritores naturalistas españoles, de signo idealista, bien poco podía enlazar con el positivismo materialista, científico, determinista y antimetafísico que late tras el naturalismo francés.

     Otra razón que debe buscarse como motivo para la no aclimatación del naturalismo francés en España es el peso que tenía en la sociedad la mentalidad conservadora, que en literatura era la heredera del Romanticismo tradicional y el costumbrismo posterior.

      En este sentido, todos los autores que en España quisieron seguir fielmente a Zola fueron pronto olvidados, pues sus novelas resultaban provocativas, tanto por los temas eróticos, como por el anticlericalismo virulento

       Por tanto, en España no se acepta sin más el naturalismo de Zola, sino que se trata de llegar a una formula superadora que integre la “materia” y el “ideal”. El origen de esta justa medida hay que buscarlo en la filosofía krausista. 

       La incidencia del naturalismo en España pasa por tres momentos: desconocimiento inicial; repulsa de los conservadores al ver amenazado el tradicionalismo, aunque estos no conocían los fundamentos teóricos de la tendencia; adopción del naturalismo en sus aspectos superficiales, vaciado de su contenido hiriente (moda naturalista, escenografía o descriptivismo).



    - Principales autores y obras.

Galdós.

       Con La desheredada (1881) se separa de la fórmula abstracta e intelectual de la novela de tesis. Le interesará ahora la figura humana, la de cualquier ambiente social. Aparecen personajes que van desde la aristocracia hasta los obreros de un barrio desprotegido. Procura ofrecer así una representación total de la realidad social.

Tormento (1884).

«Déjala que trabaje -observaba Rosalía-. ¿Pues qué?, si al fin ha de vivir de sus obras. ¿Crees tú que va a tener alguna herencia? Acostúmbrala a los mimos, y entonces verás de qué se mantiene cuando nosotros por cualquier motivo le faltemos. Están muy mal acostumbradas esas niñas... Es preciso, Bringas, que cada cual viva según sus circunstancias».



   Termina esta etapa con su mejor novela, Fortunata y Jacinta (1887). En ella, empieza teniendo protagonismo el personaje de Juanito, casado con Jacinta pero con contactos con Fortunata; este protagonismo va pasando a estos dos personajes femeninos. Jacinta es representante de la clase alta y Fortunata, de la clase baja.   



Habiendo apreciado este espectáculo poco grato, el olor de corral que allí había, y el ruido de alas, picotazos y cacareo de tanta víctima, Juanito la emprendió con los famosos peldaños de granito, negros ya y gastados. Efectivamente, parecía la subida a un castillo o prisión de Estado. El paramento era de fábrica cubierta de yeso y este de rayas e inscripciones soeces o tontas. Por la parte más próxima a la calle, fuertes rejas de hierro completaban el aspecto feudal del edificio. Al pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo, Juanito la vio abierta y, lo que es natural, miró hacia dentro, pues todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su curiosidad. Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó, una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural. Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
-¿Vive aquí - le preguntó- el Sr. de Estupiñá?
-¿D. Plácido?... en lo más último de arriba -contestó la joven, dando algunos pasos hacia fuera.
Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»... Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
-¿Qué come usted, criatura?
-¿No lo ve usted? -replicó mostrándoselo- Un huevo.
-¡Un huevo crudo!
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
-No sé cómo puede usted comer esas babas crudas -dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación.
-Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? -replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba.
Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no; le repugnaban los huevos crudos.
-No, gracias.



Clarín

       Su principal novela es La Regenta (1884). Es una auténtica anatomía de la sociedad de la Restauración en una capital de provincia, Oviedo. Es, asimismo, la historia de un adulterio.



Otros:

   Palacio Valdés. Polarización sociológica entre el campo y la ciudad, en novelas como El señorito Octavio (1881).

   Pardo Bazán, en Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, en la que destacan sus descripciones. En ellas aparece también la relación entre el hombre y la naturaleza.

    Blasco Ibáñez.  Es un naturalista rezagado, que hace de Valencia su universo literario. Destacan La barraca (1898) y Cañas y barro (1902).

     Ejemplo de un escritor contrario al Naturalismo: Juan Valera: Ataca toda novela de tesis y se mantiene fiel a una idea suya de 1860: “la novela no es historia, sino poesía y el único fin y objeto de la poesía es la realización de lo bello”.  Más de veinticinco años después, en Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas (1887), verdadero manifiesto antinaturalista, dice que el arte es sinónimo de belleza y es libre; no reconoce más límites que lo torpe, desagradable y lo deprimente; el naturalismo es por definición “indecente”. Para él, el mérito de una novela no está en que sea una copia de la realidad, sino en que divierta.



EL NATURALISMO VISTO POR LOS ESCRITORES LIBERALES Y LOS CONSERVADORES
CONSERVADORES
LIBERALES
- Hay que huir de él porque es negativo. Estos escritores son idealistas (echan mano de recursos costumbristas donde reina la placidez).
- Es acertado porque se retrata toda la sociedad, el sufrimiento de todos y las miserias de muchos. Rechazan el idealismo (no había servido para nada con las novelas de tesis).
- Lo ven como inmoral.
- Lo ven como amoral.
- Supone un ataque a los valores tradicionales
- Supone un reconocimiento al peso de lo biológico en el ser humano (ejemplo, el tema sexual)
-Va contra instituciones tradicionalmente consagradas como el matrimonio.
- Se demuestra con él que determinadas relaciones van contra “natura
- Lo ven como una afrenta a la religión cristiana.
- Se recogen aspectos relacionados con los religiosos como hombres, que también tienen instintos y pasión por las mujeres.
- En el arte sólo tiene cabido lo bello. Reconoce límites en lo torpe, desagradable y lo deprimente; el naturalismo es por definición “indecente”.
- Es tolerante, pues en él tienen cabida todas las ideas y se pueden recoger personajes que representan a todo tipo de ciudadanos
- El mérito de una novela está en que sea divertida.
- El mérito de la novela es que sea una copia de la realidad (como una foto).
- Censuran el determinismo, pues va contra el libre albedrío del ser humano (el cristiano, más exactamente).
- Se defiende el determinismo






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