EL REALISMO Y NATURALISMO
1. Ambiente socio-político en España.
Las disputas entre conservadores y
liberales, presentes ya en la primera mitad de este siglo XIX, continúan en esta segunda mitad.
En 1868 cae la monarquía. Esta caída de la
monarquía se debió a la revolución conocida como la Gloriosa, que
fomentó un grupo variado (liberales, progresistas, demócratas, republicanos,…).
Esta etapa se conoce como Sexenio Revolucionario, que supuso adoptar
medidas como: sufragio universal; libertad de industria y comercio; separación
de la Iglesia y el Estado; matrimonio civil; supresión de ciertas órdenes
religiosas.
Las contradicciones entre las distintas
facciones resultan insuperables. Esto ayudó en gran medida a que, en 1874,
gracias en gran parte a la intervención del Ejército, vuelva Alfonso XII y se
inicie el periodo de la Restauración. El nuevo reinado comienza con
medidas reaccionarias: restricción del sufragio universal, represión del movimiento
obrero, separación de sus cátedras de los profesores universitarios
progresistas, anulación del matrimonio civil, protección a la Iglesia, …
Son estos también los años en los que
aparecen unas sólidas organizaciones obreras (de 1879 es el PSOE y de 1888, el
sindicato UGT).
Socialmente, la burguesía no es capaz de
llevar a buen puerto la revolución liberal y la alta burguesía se acaba
fundiendo con los restos de la vieja aristocracia, pasando a constituirse así
la oligarquía dominante en la Restauración.
Asimismo, aunque se produce un incremento
de la población, el desarrollo económico resultó insuficiente, por lo que
aumentó el número de pobres.
2. El costumbrismo
Ya en los años treinta y cuarenta, en
pleno auge del Romanticismo, aparece el deseo de algunos escritores de reflejar
la sociedad española con exacta fidelidad, apartándose del irrealismo de los
románticos. Un precedente había sido ya Larra con sus artículos (los artículos
de costumbres). La necesidad de inventar es sustituida, pues, por la
necesidad de observar. A este fenómeno se le ha llamado costumbrismo,
que en la prensa de la época servirá para expresar una visión conservadora y
nostálgica de una España que se va, que enlaza con los discursos conservadores
de la época romántica. Los escritores costumbristas, pues, conciben la
literatura como expresión del carácter nacional.
Mesonero Romanos
Fragmento de “Las costumbres de Madrid”
Grave y delicada carga es la de un
escritor que se propone atacar en sus discursos los ridículos de la sociedad en
que vive. Si no está dotado de un genio observador, de una imaginación viva, de
una sutil penetración; si no reúne a estas dotes un gracejo natural, estilo
fácil, erudición amena y, sobre todo, un estudio continuo del mundo y del país
en que vive, en vano se esforzará a interesar a sus lectores; sus cuadros
quedarán arrinconados, cual aquellos retratos que, por muy estudiados que
estén, no alcanzan la ventaja de parecerse al original.
El transcurso del tiempo y los notables
sucesos que han mediado desde los últimos años del siglo anterior han dado a
las costumbres de los pueblos nuevas direcciones, derivadas de las grandes
pasiones e intereses que pusieran en lucha las circunstancias. Así que un
francés actual se parece muy poco a otro de la Corte de Luis XV, y en todas las
naciones se observa la misma proporción.
Los españoles, aunque más afectos en
general a los antiguos usos, no hemos podido menos de participar de esta
metamorfosis, que se hace sentir tanto más en la Corte por la facilidad de las
comunicaciones y el trato con los extranjeros. Añádanse a estas causas las
invasiones, repetidas dos veces en este siglo; la mayor frecuencia de los
viajes exteriores; el conocimiento muy generalizado de la lengua y literatura
francesas; el entusiasmo por sus modas y, más que todo, la falta de educación
sólidamente española, y se conocerá la necesidad de que nuestras costumbres
hayan tomado un carácter galo-hispano, peculiar del siglo actual, y que no han
trazado ni pudieron prever rígidos moralistas o los festivos críticos que
describieron a España en los siglos anteriores. Es a la verdad muy cierto que,
en medio de esta confusión de ideas y al través de tal extravagancia de usos,
han quedado aún (principalmente en algunas provincias) muchos característicos
de la nación, si bien todos en general reciben paulatinamente cierta
modificación que tiende a desfigurarlos.
Escenas Matritenses
(1842)
La primera gran autora que tenemos que
reseñar, al margen de los escritos periodísticos, es Fernán Caballero, quien en
1849 publica La gaviota, donde introduce tipos y ambientes rurales. Su
éxito se debió a que al público español ya le empezaba a cansar el personaje
noble romántico que hablaba con voz altisonante y a que a este mismo público le
encantó el nuevo mundo al que los conducía Fernán Caballero, pues lo pinta
idealizado. De todas formas, ella misma
dice: <<No pretendo escribir novelas, sino cuadros de costumbres,
retratos.>>
Fragmento de “Una en otra”
«No soy», prosiguió el peruano, «hombre
que hace discursos; me gusta venir cuanto antes al grano. Así, sin más
preámbulos, señora, sepa Ud. que a lo que vengo es a pedirla su hija para mi
muchacho. Ud., esto lo extrañará, pero ¿qué quiere Ud.? el hombre propone y
Dios dispone. Tenía otra boda para él a la vista; eran otras mis miras. Pero el
señorito dice que no: se ha puesto triste y malo. ¡Qué demonios! Es mi hijo
único y, cuando le veo triste o enfermo, no sé decirle que no.»
Mientras el viejo Miranda pedía de esta
manera humillante la mano de Casta, esta se había puesto alternativamente
encendida como el sol, y pálida como la luna.
Doña Mónica, fuera de sí de alegría,
respondió algunas palabras corteses, mirando a su hija con inquietud. Estaba
ésta impasible y sin levantar los ojos de su costura.
No se hallará, quizás, entre las jóvenes
españolas criadas en el mundo, esa ciega inocencia, esa temblorosa timidez, esa
exagerada circunspección de las jóvenes del norte. Tiene la española el
entendimiento demasiado penetrante, el carácter demasiado enérgico, la
imaginación demasiado vasta para poder quedar en ese capullo de seda. La idea
de afectar una sencillez infantil, cuyo atractivo no concibe, la haría
encogerse de hombros y se reiría de usarle, como una princesa de ponerse el
traje de una pastora de Arcadia.
En lugar de aquel suave velo rosado con
que se cubren las vírgenes del norte, tiene ella su orgullo. Con su orgullo la
española no se encoge, sino que se alza. Por su orgullo no es coqueta, porque
desdeña los homenajes que no halagan su corazón: a su orgullo confía su virtud.
Y esto hace que ninguna mujer comprenda como ella la dignidad de la mujer. Así,
ella hace de los españoles los hombres más apasionados, más galantes, más delicados,
más respetuosos del mundo.
«Hijo mío», dijo el viejo Miranda, después
de haber mirado a Casta, «por lo que toca a la persona, no hay pero que
ponerle: esto está a la vista. Doña Mónica, me parece que, sin que nos ciegue
la parcialidad, los nietos nuestros serán bonitos. –¿Qué está Ud. ahí cosiendo,
Castita?»
«Un vestido de guinda», contestó Casta.
«Vamos, vamos, suelte Ud. la costura», dijo el suegro futuro; «de aquí en
adelante no coserá Ud.; no gastará más vestidos de guingán.»
«¡Ay! sí, señor; los gastaré; es la tela
que prefiero.»
«¿Y si su marido de Ud. no quisiera? ¿Si
no quiere sino que gaste Ud. vestidos de seda?»
«No llegará ese caso», dijo Casta con voz
firme; «pues no pienso casarme.»
Al oír esta brusca y terminante
declaración, el señor Miranda quedó estupefacto; su hijo miró a Casta con
angustia, cruzando las manos; la pobre madre palideció, gritando: “¡Casta,
Casta! no partas de ligero y piensa antes de decidirte.»
Casta seguía cosiendo tranquilamente y
sin levantar la cabeza.
«¿Qué es esto?» exclamó al fin el señor
Miranda. «¡Mi hijo es rehusado! ¡Mi hijo, mi hijo! el mejor mozo, el más
distinguido de los muchachos de Cádiz, criado en Londres y París, que debe
heredar mi caudal; gentilhombre de Su Majestad...»
«Que, por consiguiente», dijo Casta con
sonrisita burlona, «gasta una llave de oro con que abre todas las puertas. ¿No
es verdad?>>
«¡Señorita!» interrumpió el viejo Miranda
encendido en cólera, «¿cuáles son vuestras miras? ¿A qué aspira Ud.? ¿Al
infante Don Francisco o al infante Don Enrique?»
«No aspiro a cosa tan alta», respondió
Casta con calma. «No aspiro sino a ser feliz.»
Al oír esta respuesta, el joven Miranda se
levantó y dijo con dignidad: «Basta, padre; vámonos.»
Es la prosa costumbrista, por tanto, el
precedente de la novela realista posterior, a la que le proporciona técnicas
fundamentales para la confección de ambientes, de personajes secundarios y sus
protagonistas. Destacan José María Pereda, Pedro Antonio de Alarcón y Palacio
Valdés.
De todas formas, hay que dejar bien claro
que no es considerado un movimiento literario distinto al movimiento literario
anterior, el Romanticismo, ni al posterior, el Realismo, sino, más bien, una
técnica empleada. Esto lo prueba el que un escritor del realismo algo tardío,
como Palacio Valdés, escriba en sus textos con esta técnica con abundantes
descripciones de ambientes.
Fresnedo dormía profundamente su siesta
acostumbrada. Al lado del diván estaba el velador maqueado, manchado de ceniza
de cigarro, y sobre él un platillo y una taza, pregonando que el café no
desvela a todas las personas. La estancia, amueblada para el verano con
mecedoras y sillas de rejilla, estera fina de paja, y las paredes desnudas y
pintadas al fresco, se hallaba menos que a media luz; las persianas la dejaban
a duras penas filtrarse. Por esto no se sentía el calor. Por esto y porque nos
hallamos en una de las provincias más frescas del Norte de España y en el
campo. Reinaba silencio. Escuchábase sólo fuera el suave ronquido de las
cigarras y el pío pío de algún pájaro que, protegido por los pámpanos de la
parra que ciñe el balcón, se complacía en interrumpir la siesta de sus
compañeros. Alguna vez, muy lejos, se oía el chirrido de un carro, lento,
monótono, convidando al sueño. Dentro de la casa habían cesado ya tiempo hacía
los ruidos del fregado de los platos. La fregatriz, la robusta, la colosal.
Mariona, como andaba descalza, sólo producía un leve gemido de las tablas, que
se quejaban al recibir tan enorme y maciza humanidad.
Cualquiera envidiaría aquella estancia
fresca, aquel silencio dulce, aquel sueño plácido.
Despertóle
una voz bien conocida:
– Papá, papá.
Abrió los ojos y vio a su hijo a dos
pasos, con su mandilito de dril color perla. Sus zapatitos blancos, y el negro
y enmarañado cabello caído en bucles graciosos sobre la frente. Era un chico
más robusto que hermoso. La tez, de suyo morena, teníala ahora requemada por
los días que llevaba de aldea haciendo una vida libre y casi salvaje. Su padre
le tenía todo el día a la intemperie, siguiendo escrupulosamente las
instrucciones de su médico.
3. El Realismo. El Realismo en Europa. El
Realismo en España.
En Europa.
Hacia 1850, en Francia, una serie de
escritores y críticos presentan ya el Realismo como una nueva estética, alejada
u opuesta del Romanticismo. En 1856 se puede leer en la revista Realisme:
“El Realismo pretende la reproducción exacta, completa, sincera, del ambiente
social y de la época en que vivimos… Esta reproducción debe ser lo más sencilla
posible para que todos la comprendan”. En Francia destacan, inicialmente,
Stendhal y Balzac.
Paralelamente se iniciará el Realismo en
Inglaterra, con su figura más señera en Dickens. En Rusia es tal vez, donde la
implantación del Realismo adquiera un cariz distinto, pues los elementos
fantásticos están presentes en las novelas. Sobresalen Dostoievski y Tolstoi.
En
España.
El triunfo del Realismo en España es
tardío, si lo comparamos con el de otros países europeos. El retraso es
paralelo al lento desarrollo de la burguesía. Se puede, no obstante, hablar de
un prerrealismo, que iniciaría Fernán Caballero con La Gaviota en
1849.
NOTAS DIFERENCIALES ENTRE ROMANTICISMO Y REALISMO
|
|
ROMANTICISMO
|
REALISMO
|
-
Predomina lo fantástico.
|
-
Observación de la realidad.
|
-
Evasión en el espacio y en el tiempo
|
-
Ubicación próxima de los hechos
|
-
Fuentes: España (escritores de la Edad Media y el Barroco)
|
-
Fuentes: se mira a Europa.
|
- Estilo muy recargado, con muchos
adornos.
|
-
Estilo sencillo y sobrio.
|
- Predilección por la poesía y el teatro
|
-
Predilección por la novela
|
- Literatura para recrear.
|
- Literatura para educar (novelas de
tesis)
|
-
La realidad debe idealizarse para convertirse en arte.
|
-
La realidad por sí sola es un objeto de arte.
|
-
Artículos ideológicos, doctrinales o políticos.
|
-
Disminuye el número de artículos ideológicos, doctrinales o políticos. Son
sustituidos por artículos de información.
|
|
ROMANTICISMO
|
REALISMO
|
|
Subjetivismo
|
Objetividad
|
|
Fantasía (Escenas irreales)
|
Verosimilitud
|
|
Evasión en el espacio y en tiempo
|
Escenas de la vida cotidiana
|
|
Teatro y poesía
|
Novela
|
|
Irracionalismo
|
Naturalidad
|
|
|
En el Realismo los novelistas adaptan mejor el lenguaje a cada
personaje.
|
|
|
Eufemismo en lo erótico
|
|
|
Positivismo ( 2ª mitad del siglo XIX)
|
|
NATURALISMO
|
|
Determinismo biológico y social
|
|
Crítica a la burguesía
|
|
Descripciones muy detalladas
|
|
Positivismo: La fe en la ciencia, en el examen
|
|
Observación
|
|
ESPIRITUALISMO
|
|
|
Elogio de la caridad
|
|
|
Elogio de la bondad
|
|
|
Crítica al materialismo
|
|
|
Desengaño
|
|
Doña Perfecta
Cap.
VI, pag. 105
Pero no es culpa
nuestra que la ciencia esté derribando a martillazos un día y otro tanto
ídolo vano, la superstición, el sofisma, las mil mentiras de lo pasado, bellas
las unas, ridículas las otras, pues de todo hay en la viña del Señor. El mundo
de las ilusiones, que es como si dijéramos un segundo mundo, se viene abajo con
estrépito. El misticismo en religión, la rutina en la ciencia, el amaneramiento
en las artes, caen como cayeron los dioses paganos, entre burlas. Adiós, sueños
torpes, el género humano despierta y sus ojos ven la claridad. El
sentimentalismo vano, el misticismo, la fiebre, la alucinación, el delirio,
desaparecen, y el que antes era enfermo, hoy está sano y se goza con placer
indecible en la justa apreciación de las cosas. La fantasía, la terrible loca,
que era el ama de la casa, pasa a ser criada.
4. La novela del Realismo español.
Consolidación del género. La novela de
tesis
El género novelesco no se consolida en
España hasta la década de los setenta. Destacan como novelistas españoles
Valera, Pereda y, sobre todo, Benito Pérez Galdós. De Valera destacan Pepita
Jiménez (1874). Pereda, tras su costumbrista Escenas montañesas
(1866), sobresale Don Gonzalo González de la Gonzalera (1879), en la que
critica las ideas revolucionarias y con la que responde a las novelas de
Galdós. De Galdós, destacan, de su ciclo
de novelas históricas, la Fontana de Oro (1870) y los Episodios
Nacionales,.que va publicando en cinco series en esta década de los
setenta. De las novelas de tesis, destaca Doña Perfecta (1876), en la
que arremete contra la intolerancia y el fanatismo religioso.
Las
dos tendencias de la novela desde un punto de vista ideológico.
A partir de 1868, consecuencia de las
revoluciones producidas, se va creando una división entre escritores de acuerdo
con un criterio político-religioso-social; es la división entre escritores
liberales y conservadores.
DIFERENCIAS ENTRE LOS ESCRITORES REALISTAS EN SUS NOVELAS DE
TESIS
|
|
CONSERVADORES
|
LIBERALES PROGRESISTAS
|
-
Son defensores del catolicismo. Sin embargo, su catolicismo es presentado más
en términos de nacionalismo español que en términos de relación hombre con
Dios.
|
-
Son defensores del anticlericalismo. No se trata de una crítica a los valores
religiosos, sino al abuso que en nombre de estos valores se comete en el
país.
|
-
Ven más natural y lógico que las personas se asocien según su nivel social y
económico.
|
-
Censuran las desigualdades y que se desprecie a las clases bajas.
|
-
Buscan en la España eterna, la de siempre, no en el pasado, como los
románticos, sino en el campo, en la sociedad rural, donde el tiempo se ha
detenido.
|
-Se
abren a Europa, a los países más desarrollados culturalmente.
|
-
Se orientan a la clase alta.
|
-
Se orientan a la clase media (aristócratas venidos a menos y burguesía en
ascenso)
|
-
Son pesimistas (recuerda mucho al pesimismo de los románticos).
|
-
Están llenos de esperanzas y entusiasmo. Juzgan como triunfadora la
revolución del 68.
|
-
En sus novelas, no existe la caridad para los que mantienen puntos de vistas
contrarios.
|
-
Los personajes liberales de sus novelas son todo generosidad; los católicos
carecen de sentido de la caridad (son hipócritas)
|
-
Todo lo que ocurre responde a los designios de la Divina Providencia.
|
-
Lo que ocurre es el reflejo de la historia, que siempre lleva al progreso y a
una sociedad más perfecta.
|
-
Para ellos, la religión (el catolicismo) da unidad y el anticlericalismo sólo
favorece el individualismo.
|
-
Defienden la libertad religiosa, pues cada individuo debe decidir.
|
- Fe en la religión.
|
-
Creen en la posibilidad de armonizar razón y fe (es el punto de vista del
Krausismo).
|
-
No pretende culturizar a la sociedad, pues no interesa que las clases bajas
asciendan
|
-
Pretender culturizar a la sociedad para dar la oportunidad a todo el mundo de
demostrar su valía
|
-
Escritores: Pereda, Alarcón
|
-
Escritores: Pérez Galdós, Clarín, Palacio Valdés.
|
Fin
de la primera etapa realista
La novela de tesis realista triunfante en
los setenta, de contenido moral, docente y social, de toma de postura ante la
transformación histórica de España y de debate sobre el tema religioso (los
escritores conservadores respondían con novelas a los liberales y viceversa) es
abandonada, pues los propósitos de convencer a los lectores no dieron, según
los novelistas, los resultados apetecidos. Terminará esta primera etapa
realista hacia 1880.
5. El Naturalismo
Corriente literaria que se desarrolló
durante el último tercio del siglo XIX y que se inició en Francia. Fue
defendida por Émile Zola, quien pretendía que la literatura se convirtiera, a
semejanza de las ciencias naturales, en otra ciencia cuyo objeto de estudio
fuera el medio social. La literatura debe analizar científicamente el
comportamiento humano siguiendo los principios de la observación y la
experimentación. Para ello, parte de la idea de que el hombre no era realmente
libre, sino que se encontraba determinado biológica y socialmente, puesto que
los individuos estaban condicionados por su herencia genética y por el ambiente
social en que se movían. Esto explica el interés de los naturalistas por
ambientes miserables y por personajes tarados, alcohólicos, embrutecidos o
víctimas de patologías diversas, ya que estos casos permitían demostrar mejor
la influencia de la biología sobre el medio social.
5.1. El Naturalismo en Francia.
- El Naturalismo en Francia. Zola.
La doctrina naturalista de Zola, es un
producto del cientificismo imperante desde los años cincuenta en Francia. Las
bases científicas serán: herencia, determinismo biológico y sociológico.
Representa el deseo e intento de hacer
entrar la literatura en el campo de la ciencia. Fue un sueño de época al que
casi todos los novelistas de los años setenta se sumaron.
Sus obras más célebres, Nana (1880)
y Germinal (1885) según los códigos de la época, aparecieron como audaz
expresión de una aspiración liberadora (por lo que se refiere al cuerpo,
erotismo), atrevida sátira de la corrupción moral y social, escandalosa
ostentación de lo sucio y peligrosa puesta a la luz del día de aspectos y
problemas sociales que la burguesía quería ignorar.
5.2.
El Naturalismo en España.
- Razones de su triunfo en España.
Se
produce un traslado de la fe, pues las novelas de tesis que habían gozado de
tanto éxito en la década de los setenta, aunque habían tenido en cuenta hechos
históricos y sociales de la realidad, se llega a la conclusión de que no habían
sido objetivas, realistas, tomándose como base el que se habían creado dos
bandos, los cuales opinaban de manera completamente distinta sobre un mismo
hecho.
De todas formas, debe quedar claro que
el Naturalismo no es algo opuesto al Realismo; es una segunda etapa del
Realismo, por lo que, aunque es algo distinto al Realismo de la novela de tesis
de los setenta, también presenta rasgos comunes: apego a la realidad,
abundantes descripciones, pervivencia del Costumbrismo. Es, pues, el
Naturalismo una segunda etapa del Realismo.
La reflexión sobre el Naturalismo
desemboca en la certidumbre de que la verdad es más “objetiva”, de mayor
credibilidad y, por tanto, más eficaz, pintar las cosas como son que mostrar
cómo deberían ser, es decir, que es inútil añadir cualquier dimensión idealista
a la novela, ya que la realidad no puede deparar sino provechosas enseñanzas.
Galdós, en 1881, con La desheredada,
abandona el “realismo abstracto” o “encauzado” e inicia el periodo naturalista.
Ya en 1880 empiezan a traducirse novelas naturalistas. La razón principal por
la cual se adaptaron muchos de los novelistas españoles al naturalismo fue para
oponerse al idealismo de los escritores conservadores. Por tanto, los
escritores que se adaptarán inicialmente a la nueva moda serán sólo los
liberales, esto es, Galdós, Clarín, Palacio Valdés.
Para los escritores conservadores, como
Pereda o Alarcón, el naturalismo era sinónimo de obscenidad y grosería (Alarcón
habla de “mano negra” y “mano sucia” de la escuela naturalista y Pereda
reaccionó indignado cuando un crítico lo calificó de naturalista).
Para los escritores liberales jugará un
papel relevante el krausimo, adaptado por Sanz del Río, pues implica un claro
espíritu de tolerancia. El principio del libre examen y la negación del dogma son
esenciales al espíritu krausista.
- El naturalismo español y su relación con el francés.
La influencia krausista para los
escritores naturalistas españoles, de signo idealista, bien poco podía enlazar
con el positivismo materialista, científico, determinista y antimetafísico que
late tras el naturalismo francés.
Otra razón que debe buscarse como motivo
para la no aclimatación del naturalismo francés en España es el peso que tenía
en la sociedad la mentalidad conservadora, que en literatura era la heredera
del Romanticismo tradicional y el costumbrismo posterior.
En este sentido, todos los autores que en
España quisieron seguir fielmente a Zola fueron pronto olvidados, pues sus
novelas resultaban provocativas, tanto por los temas eróticos, como por el
anticlericalismo virulento
Por tanto, en España no se acepta sin
más el naturalismo de Zola, sino que se trata de llegar a una formula
superadora que integre la “materia” y el “ideal”. El origen de esta justa
medida hay que buscarlo en la filosofía krausista.
La incidencia del naturalismo en España
pasa por tres momentos: desconocimiento inicial; repulsa de los conservadores
al ver amenazado el tradicionalismo, aunque estos no conocían los fundamentos
teóricos de la tendencia; adopción del naturalismo en sus aspectos
superficiales, vaciado de su contenido hiriente (moda naturalista, escenografía
o descriptivismo).
- Principales autores y obras.
Galdós.
Con La desheredada (1881) se
separa de la fórmula abstracta e intelectual de la novela de tesis. Le
interesará ahora la figura humana, la de cualquier ambiente social. Aparecen
personajes que van desde la aristocracia hasta los obreros de un barrio
desprotegido. Procura ofrecer así una representación total de la realidad
social.
Tormento (1884).
«Déjala
que trabaje -observaba Rosalía-. ¿Pues qué?, si al fin ha de vivir de sus
obras. ¿Crees tú que va a tener alguna herencia? Acostúmbrala a los mimos, y
entonces verás de qué se mantiene cuando nosotros por cualquier motivo le
faltemos. Están muy mal acostumbradas esas niñas... Es preciso, Bringas, que
cada cual viva según sus circunstancias».
Termina esta etapa con su mejor novela, Fortunata
y Jacinta (1887). En ella, empieza teniendo protagonismo el personaje de
Juanito, casado con Jacinta pero con contactos con Fortunata; este protagonismo
va pasando a estos dos personajes femeninos. Jacinta es representante de la
clase alta y Fortunata, de la clase baja.
Habiendo apreciado este espectáculo poco grato, el olor de corral
que allí había, y el ruido de alas, picotazos y cacareo de tanta víctima,
Juanito la emprendió con los famosos peldaños de granito, negros ya y gastados.
Efectivamente, parecía la subida a un castillo o prisión de Estado. El
paramento era de fábrica cubierta de yeso y este de rayas e inscripciones
soeces o tontas. Por la parte más próxima a la calle, fuertes rejas de hierro
completaban el aspecto feudal del edificio. Al pasar junto a la puerta de una de
las habitaciones del entresuelo, Juanito la vio abierta y, lo que es natural,
miró hacia dentro, pues todos los accidentes de aquel recinto despertaban en
sumo grado su curiosidad. Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le
impresionó, una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida de
una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios
subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía pañuelo azul
claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al
Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de
brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan
dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que
esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural. Juanito
no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien
calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
-¿Vive aquí - le preguntó- el Sr. de Estupiñá?
-¿D. Plácido?... en lo más último de arriba -contestó la joven,
dando algunos pasos hacia fuera.
Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»...
Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón
encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho
del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
-¿Qué come usted, criatura?
-¿No lo ve usted? -replicó mostrándoselo- Un huevo.
-¡Un huevo crudo!
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez
el huevo roto y se atizó otro sorbo.
-No sé cómo puede usted comer esas babas crudas -dijo Santa Cruz,
no hallando mejor modo de trabar conversación.
-Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? -replicó ella ofreciendo al Delfín
lo que en el cascarón quedaba.
Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas
gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta;
pero no; le repugnaban los huevos crudos.
-No, gracias.
Clarín
Su principal novela es La Regenta
(1884). Es una auténtica anatomía de la sociedad de la Restauración en una
capital de provincia, Oviedo. Es, asimismo, la historia de un adulterio.
Otros:
Palacio Valdés. Polarización sociológica
entre el campo y la ciudad, en novelas como El señorito Octavio (1881).
Pardo Bazán, en Los pazos de Ulloa y La
madre naturaleza, en la que destacan sus descripciones. En ellas aparece
también la relación entre el hombre y la naturaleza.
Blasco Ibáñez. Es un naturalista rezagado, que hace de
Valencia su universo literario. Destacan La barraca (1898) y Cañas y
barro (1902).
Ejemplo de un escritor contrario al
Naturalismo: Juan Valera: Ataca toda novela de tesis y se mantiene fiel a una
idea suya de 1860: “la novela no es historia, sino poesía y el único fin y
objeto de la poesía es la realización de lo bello”. Más de veinticinco años después, en Apuntes
sobre el nuevo arte de escribir novelas (1887), verdadero manifiesto
antinaturalista, dice que el arte es sinónimo de belleza y es libre; no
reconoce más límites que lo torpe, desagradable y lo deprimente; el naturalismo
es por definición “indecente”. Para él, el mérito de una novela no está en que
sea una copia de la realidad, sino en que divierta.
EL NATURALISMO VISTO POR LOS ESCRITORES
LIBERALES Y LOS CONSERVADORES
|
|
CONSERVADORES
|
LIBERALES
|
-
Hay que huir de él porque es negativo. Estos escritores son idealistas (echan
mano de recursos costumbristas donde reina la placidez).
|
-
Es acertado porque se retrata toda la sociedad, el sufrimiento de todos y las
miserias de muchos. Rechazan el idealismo (no había servido para nada con las
novelas de tesis).
|
-
Lo ven como inmoral.
|
-
Lo ven como amoral.
|
-
Supone un ataque a los valores tradicionales
|
-
Supone un reconocimiento al peso de lo biológico en el ser humano (ejemplo,
el tema sexual)
|
-Va
contra instituciones tradicionalmente consagradas como el matrimonio.
|
-
Se demuestra con él que determinadas relaciones van contra “natura”
|
-
Lo ven como una afrenta a la religión cristiana.
|
-
Se recogen aspectos relacionados con los religiosos como hombres, que también
tienen instintos y pasión por las mujeres.
|
-
En el arte sólo tiene cabido lo bello. Reconoce límites en lo torpe,
desagradable y lo deprimente; el naturalismo es por definición “indecente”.
|
-
Es tolerante, pues en él tienen cabida todas las ideas y se pueden recoger
personajes que representan a todo tipo de ciudadanos
|
-
El mérito de una novela está en que sea divertida.
|
-
El mérito de la novela es que sea una copia de la realidad (como una foto).
|
-
Censuran el determinismo, pues va contra el libre albedrío del ser humano (el
cristiano, más exactamente).
|
-
Se defiende el determinismo
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario