miércoles, 18 de julio de 2018
Miguel Hernández, poeta cabrero
Yo, Miguel Hernández, siendo niño, solté la vara de las cabras para silbar sílabas contadas. Me hice poeta desde Orihuela a Madrid. A diferencia de quienes me llamaban poeta cabrero, no me acomodé en ningún palacio requisado esperando cartas de la muerte, sino que arrastré mis pesadas maletas llenas de romances para repartirlos entre los soldados como lirios de mar en las dunas. Estuve en el Quinto Regimiento y me casé, en un cambio de imaginaria, con el amor de mi vida, Josefina.
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